viernes, 30 de abril de 2010

Ciudadano abdallah


Son del norte de Africa, donde su rey posee el 75% de la riqueza nacional y el veinticinco por ciento restante no parece bastar para llenarles el estómago cada día, con lo que la muchachada se empotra bajo los camiones de carga que pasan a Algeciras o bien, se lanzan a las pateras como posesos.

Sólo 13,2 kilómetros separan la frontera norte de Marruecos con Andalucía. Con la mirada puesta en el estrecho de Gibraltar, las lanchas que transportan a los ilegales africanos cargan a cuantos hombres y mujeres estén dispuestos a lanzarse al agua en la madrugada, apenas se divise la costa. Hay promociones y ofertas para los temerarios: por cinco millones obtienen el "bono patera", que da derecho a tres intentos..

A muchos los devoran las aguas. Un sueño inalcanzable para estos magrebíes, que termina convertido en pesadilla. Pero también un negocio rentable para los traficantes. Atados al ingreso ilegal a España, vienen la mafia, el tráfico de drogas, la prostitución y la falsificación de documentos de inmigración (pasaporte, visa, permiso de trabajo, de residencia, etc.). 

Un negocio que deja más de 100 millones de euros al año al que también se suma toda una red de beneficiarios: pescadores que se dedican a cruzar en sus barcos a los inmigrantes, los taxistas que los transportan, los empleados de las gasolineras que tanquean las lanchas, y hasta los empresarios y propietarios de prostíbulos, que andan en búsqueda de mujeres y agricultores o mano de obra barata.

El tráfico de seres humanos es tan rentable que, de acuerdo con las autoridades españolas, compite ya con el cultivo y contrabando de hachís, la tradicional actividad de subsistencia del norte de Marruecos, que da de comer a más de cinco millones de personas. Ahmed, un contrabandista, explica: "Somos dos redes distintas. Los del hachís estamos hartos de las pateras de 'corderos' (ilegales, en el argot) porque nos queman las rutas".

Pero en todo el contexto de la inmigración ilegal, una paradoja resume lo dramático de la situación:mientras España hace enormes esfuerzos por contener a los africanos que intentan llegar a sus costas, el propio gobierno marroquí hace todo lo contrario, al estimular de manera no oficial el éxodo de sus ciudadanos. 

Una manera de desfogar toda la tensión interna en un país que cada día se sume más en la pobreza y la corrupción. De paso, presionan así a la Comunidad Europea para que flexibilice las rígidas normas de inmigración, solo comparables con las que tiene Estados Unidos desde los atentados del 11 de septiembre.
Como reconoce un patrón de patera, si "Marruecos quisiera, podría impedir que cualquier ciudadano abandonara sus costas. Hoy ejerce una vigilancia de escaparate, no le quepa la menor duda".
Son datos sacados de Intertrafic, que pintan un panorama de esperpento. La entrada continuada de personas sin papeles no hay sociedad abierta que lo resista. No cuando estas personas, para más inri,  llevan incorporado en su cabecita el programa para replicar creyentes que han mamado en sus sociedades medievales.

Porque la actitud general hacia Occidente es utilitaria. Se usan y se emplean sus medios materiales sí,  pero se abomina de sus normas y valores, a pesar de que estos se acaban infiltrando en la gente joven. Al menos,  según la encuesta sobre la inmigración marroquí, que  dice acerca de los jóvenes "..Pese a la religiosidad de sus padres, el 70% de los menores marroquíes no acude a clases de islam y el 71% ni siquiera participa en actividades organizadas por mezquitas o asociaciones religiosas. El 66% tampoco estudia el árabe..."

Pero son las generaciones medianas y las anatomías las que marcan diferencias en esto. Las chicas y sus problemas con los velos, burkas y otras ignominias, tanto aquí como en todo el mundo árabe  -véase la entrada de Kotinussa-   nos van a señalar ante la historia. Pero nos señalaran de manera parecida a aquellos alemanes que miraban para otro lado, cuando millones de sus conciudadanos llevaban la estrella de David.

Quizá sea oportunismo político y búsqueda de votos, quizá sea temor a algún atentado por parte de los abundantes extremistas que poseen en sus comunidades y quizá sean las dos cosas a la vez. Pero nos la está metiendo con queso y bien metida.
Nos la está colando una cultura que, como mínimo, ha permanecido cinco siglos inoperante y anclada en el rezo y la ablución y que, hoy en día, no posee una sola patente registrada que tenga uso industrial. Están usando el tremendo poder de coerción que supone nuestra dependencia de su petróleo, entre otras cosas. Las petrodictaduras como Arabia Saudí, financian la mayoría de mezquitas en construcción y la enseñanza del corán.
Pero es, en muchas ocasiones, la enseñanza del Islam wahabita y salafista, la cara más dura de esta religión, la que es subvencionada con los petrodólares, que Alá les modere si prosperan...

Pero,  por supuesto, esta entrada no es antinadie. Porque los seres humanos concretos valen cien mil veces más que los versículos coránicos que les corroen las meninges, ale, he dicho.
Un saludito sin chilaba.
(Con respeto y cariño para Fatiah  -que dice haber descubierto el blog-   así como para con su familia)





miércoles, 21 de abril de 2010

El amor en los tiempos del muro

Y decirle en su "muro" que le amas...

Bueno, si la persona en cuestión no ha configurado bien su privacidad, mejor no decirle nada o se enterará todo cristo, ja, ja. Estamos viviendo un renacer de los amoríos epistolares, que no voy a decir que no sea ni bueno ni malo sino todo lo contrario. Las distancias hacen que los emails multipliquen su potencia romántica y evocadora y, por ello, al no ver ni percibir a la persona la imaginación completa lo que falta.

Hoy en día y navegando por el internete vacilón, nos encontramos con todo tipo de sobrenombres espectaculares y rimbombantes. A veces falta la foto y se proporciona un bonito avatar sacado de las ilustraciones románticas. Da entonces la sensación de que tratamos con algo más  -aunque solo sea un poquito más-   que una personita corriente, algo que ese nick y esa ilustración revelan a la vez que esconden. No es raro encontrarse con sentencias crípticas en cartelitos, revelando niveles de agudeza insospechados (y también prestados, que no hay por ahí libros de citas ni na)

Y nunca nos diferenciaremos demasiado de los papiones, babuinos y otros parientes animales que, cuando están en celo, anuncian el mismo con culeras rojas, feromonas desbocadas y otras lindezas. Pero, por estas pantallas, es como si fuéramos con los ojos cerrados y debemos desarrollar la autodescripción y la narrativa. Que no por existir una eterna crisis lectora se ha dejado de leer y escribir y, probablemente, se haga más que nunca en la historia.

Y aquí estamos. Cada uno en su nicho ecológico, en forma de Web, blog  o perfil, se intenta vender como mejor puede. Está el solterón salido y siempre disponible,  al que continuamente le ocurren cosas divertidas y graciosas, de hecho, todo el es una pura anécdota con patas durante las 24 horas .
Porque como los tiempos cambian y Don Perfecto ya no vende, necesitan mandar el mensaje de que son pura lujuria pero, eso sí, inofensiva y dialogante y con los defectos que mostraría, no sé, un personaje de los que interpreta Willy Toledo en sus comedias. Mantienen una continua carrera cuesta abajo: cuando dejen de divertirlas, cascan.

Por algún sitio ponía que, a pesar de las posibilidades técnicas, no es tan frecuente pasar a las videoconferencias como podría pensarse. Porque ahí,  nuestra humanidad queda toda desnudita y, a lo mejor, no coincide con el personaje de la narración que vendemos. Encima, con estos pelos desbocaos no es plan de que te saque la webcam.

Y aquí vienen ellas ahora. Las mujeres, en sus páginas, da la sensación de que relatan cotidianeidades con mayor frecuencia, que entren más en el relato intimista y las comentaristas se lo premian, como no, compartiendo experiencias afines. La sensación de entrar en una charla de peluquería es muy intensa en algunos de estos blogs, donde parece que sus autoras perdonan la vida continuamente a los hombres, je, je...

Y no, no entro en las búsquedas de sexo, tan solo hablo de romanticismo y narcisismo, que lo otro ya es muy de adultos y no apto para frikis ni Peterpanes grandotes.

Un saludete.

jueves, 15 de abril de 2010

Espíritus en la máquina (I)

Facebook, redes y otras pantallas.

La pantalla de las narices ha sustituido a la pared de las cuevas, a las cúpulas de las iglesias, a los altares y demás lugares de comunión públicos.

Contemplar la evolución de sus colorines equivale a la magia de la bola de cristal.  Ya decían que las nuevas tecnologías iban a crear una hiperrealidad y , en efecto, tienen ya  más importancia los eventos descritos por el texto electrónico que lo que suceda en nuestra vida cotidiana. Puede parecer una mera afirmación efectista, pero es algo más real que los picores.

La vida cotidiana esa dichosa, es el lugar donde habita nuestro cuerpo y donde se alimenta, donde trabaja para obtener recursos con los que poder pagar la banda ancha y la electricidad que alimenta al monstruito cuadrado y de cristal.

También es donde se copula (cuando se puede) se suda y se gastan las calorías. Pero nuestro cuerpo acaba siendo una rémora, siempre acaba por serlo cuando su función a ido derivando de portador de genes a   anfitrión de un cerebro voraz y procesador de símbolos. Ya hace tiempo, pues, que nació un ente neural inesperado, como nunca había parido la evolución biológica.

Antaño, en nuestra pasada historia, así como hoy  día en algunos países del tercer mundo en guerra, los eventos físicos eran lo más destacado. También lo siguen siendo en las comarcas rurales sin conexión, je, je. Pero a partir de cierto nivel cultural y económico la supervivencia se ha simplificado. No hay que matar, no se huye de ningún dientes de sable, no hay que secuestrar a quien después será tu futura pareja, no tienes que defender tu comida de otro...

Ahora se vive en la esfera de los símbolos, de las líneas de texto. A las mentes ya les va resultando lento y aburrido pasear por el barrio. Necesitamos poseer una inteligencia social, pej,  capaz de representarse a todas las personas conocidas sin necesidad de verlas y oirlas e, igualmente, sin  encontrárselas jamás.

En los dominios digitales nos construimos un nicho - una página-  y colocamos imágenes nuestras, para que sirvan de ancla con  la parte carnal, para que hagan de recordatorio. Para saber que todavía no nos ha ocurrido como a los personajes de Greg Egan, en su colosal y acojonante Ciudad Permutación, donde muchos migraban al ciberespacio, una vez muertos y grabados sus recuerdos, activados estos posteriormente por un software simulador de la personalidad.

En estos nuevos reinos, el despliegue que hacemos y la "vida" que llevamos siguen las reglas invisibles de los programas y aplicaciones, que son como el equivalente de las leyes naturales que rigen en la casa donde estamos ahora mismito. Pero las aplicaciones que nos comunican, que nos simulan esos "muros",  donde de pronto aparecen los avatares de personas con cuerpo real pero con ubicación lejana, son aplicaciones muertas.

Afirmar esto es como ponerle velas a San Perogrullo, pero es que hay que recordarlo, porque existen sectas, como el Partido Friki Tecnogeek Adorador de los Programas que las reverencia como seres vivos, no hay más que pasarse por algunos foros de Linux, je, je...

Pero los programas y servidores son ciegos y inertes. Somos nosotros, los internautas salerosos, los que provocamos las apariciones en los "muros" dichosos, en esos fondos blancos indefinidos de la mensajería donde, de pronto, aparece un saludo, un iconito de alguien, como un espíritu. Somos nosotros, los espíritus en la máquina, viviendo algunos en la mentira, otros en la verdad y otros en la Tierra del Medio.

Un saludito, avatares queridos.

jueves, 8 de abril de 2010

En el cine no se llora

Pájaros de papel.  De Emilio Aragón (glub)

Para cambiar de tercio y escapar de vez en cuando del cine hiperactivo y sincopado,  resulta bueno acudir a una película española hecha con buenas intenciones y sensibilidad standard, justo como las que recomendarían algunas madres de familia, así como ciertas compañeras de trabajo a las que impresiona Imanol Arias.  Que luego mas tarde me arrepienta profundamente refuerza mi vocación de mártir cultural.

Porque este hombre, Imanol, es un buen actor y de seguro se moriría un gatito si no lo señaláramos. A tal punto se toma su trabajo en serio que, ya hace años, le dijeron que interpretara a Antonio Alcántara en Cuéntame y todavía no ha dejado de hacerlo, vaya por la historia fílmica que vaya y le dirija quien le dirija, lo cual es todo un tributo a la Escuela de la Mueca Única.

Su personaje en aquella serie topicona era el mayor compendio de generalidades y estereotipos que se le podía atribuir a un español medio de la época franquista, adornados con las virtudes esperadas para la época democrática. Una mezcla letal que le sigue allí por donde va, toda una  lástima, tan solo sea por cierto talento que parece poseer de fondo.

Como lo dirige E. Aragón, en lo que creo que es su opera prima y todo eso que se dice, el Alcántara que lleva dentro consigue imponerse con todos sus tics habituales. Los modales apresurados como por exceso de cafeína, el hablar seco y rápido diga lo que diga, aunque sean frases tiernas, que importa, si lo que siempre urge es escupir los párrafos enfadado y con cara muy seria. Cuenta para ello con el apoyo de un guión con menos matices que un  tablón pintado de negro.

Esta  dicción  como de metralleta que mencionaba arriba es, por cierto, una de las maldiciones de la interpretación hispana, aaag, vocalizar y gesticular como si tuvieras los dedos metidos en un enchufe.

En esta  historia se pretenden mostrar algunas de las  andanzas de una compañía de cómicos de segunda fila (y viendo como buscan la risa mas bien de tercera) en la posguerra dura y totalitaria, con una importante pérdida familiar que acompaña a Arias y que conseguirá que no cambie la cara en casi toda la película. Además de ello, Milikito, el director, intenta de un solo plumazo hablar de todas, pero de toditas todas las intolerancias de aquella época, exceso de ambición que se paga caro.

Porque después todo se queda en un cuadro difuminado, en una historia que intenta en vano buscar la lagrima tranquilita  pero que no pasa de la anestesia emocional. Y es que es imposible que te toque la vena ese huerfanito incomprensible que aparece, ya maduro antes de haber crecido y con habilidades extra de todo tipo, como una especie de pitufo empeñado en hacer de hijo y psicoanalista de Imanol.
Y si no te emocionas un poquito con el huérfano, menos lo harás con la tragedia de un padre que no se expresa mas que en una escena de desahogo más bien tardía, cuando la atonía emotiva lleva rato haciendo estragos.

Y no me pretenda usted, señor Aragón, llegarnos al alma con una aparición oportunista y homenajeadora para con su señor padre, Miliki.  Los recursos maníqueos se deben usar con más garra si los tales se pretenden eficaces y, en mi opinión, no hay mas que sosez y falsa dignidad en la escena final, en esa despedida escénica del huérfano que fue, ahora ya mayorcito y triunfante en nuestra época.

Y el caso es que se intenta. Esa salida del camerino, con la aparición de un fan entusiasta, joven y con rastas que, no obstante, transmite felicitaciones de sus padres. Con ellas conseguimos la coincidencia intergeneracional y, con las rastas del muchacho, una insinuación de bendiciones pijoprogres, así pues, todos felices.

Y el discurso final, pues eso, un decir que eres muy torpe y viejo para conseguir que te digan que noo, que de eso nada, que tu sigues valiendo mucho, aunque seas mas soso que los membrillos. Y de las verdaderas penurias y  miserias de una época atroz  olvídate. Porque lo que importa no es contarlas ni entenderlas sino enarbolarlas como estandarte, ay, que lástima de  abueletes puteados de ambos bandos.

Bueno, pues un saludo con naftalina. Que es que todo el público era del Inserso, je, je. Ojalá disfrutaran.

viernes, 26 de marzo de 2010

La invasión de los píxeles

Acantilado rojo. De John Woo.  Ah, y muuchos chinos digitales...

Tocaba ya reseña de peli, preferible a la de un tocho ensayil  y a las denuncias visionarias y todo eso, porque son entradas que  suelen salir más fluidas de mi sesera dependiendo, claro está, de la calidad de las palomitas consumidas. Así que presentamos, tachín, tachan, una batalla épica y entretenida, seguro que sí.

Pues bien, el Imperio (siempre hay uno) con sede en el norte, pretende machacar a los rebeldes del sur. Como era de esperar, el norte represor y facineroso tiene nada menos que ochocientos  mil soldados (sí, eso, 800.000) mientras que los del sur, heroicos, amantes del zen y de los lirios en el campo, no llegarán a  los cincuenta mil, para colmo desconfían entre sí y, encima, uno de los líderes le parece a un gorila antes de afeitar.

Estas desigualdades entre los bandos aunque sean clamorosas son imprescindibles, queridos saltamontes, son las que otorgan auténtico valor a la victoria posterior de los más sensatos. Y a sensato no le gana nadie al virrey meridional Zu-yu (que en español significa Zu-yu).
Es este una inteligencia militar preclara, así como gran apreciador de la música y  un artista aventajado en cultivar el amor de su esposa.

Esto último aviso que no es fácil, ojito, puesto que ella es refinadísima y sensible hasta la protesta, como los buenos estereotipos de cónyuge oriental. Pues bien, cada vez que termine de hacerse admirar por su amada costilla, Zu-yu ejercerá de ajedrecista maestro con las tropas y recursos de que dispone.

Y si la estrategia militar puede ser oscura y abstrusa, volverla comprensible requiere capacidad demostrativa, explicativa y todo eso. Y aquí es donde encontramos  el punto fuerte de la película. Los enroques y las retiradas, las argucias y las contratácticas, se ven favorecidas por un didactismo visual y dialogado magnífico, capaz de hacernos sentir como si fuéramos un general más, ganosos de victoria...

Pero da igual el bando que elijamos porque fracasaremos. Sí, así es. Si existe algún cielo para los directores bélicos realistas, tipo Peter Weir en Master and Commander  y -como no- los Venerables Clasicotes de Siempre, a John Woo le habrán puesto la marca de Caín para que no entre en el mismo.

Porque en cierto momento de borrachera fílmica empieza a pisar el acelerador digital y el software le obedece, claro. Y eso es lo malo. Lo es, porque las cantidades de guerreros y naves crecen y crecen de forma exponencial e imposible, como solamente el generador de soldaditos de un videojuego podría conseguir. Todo ello no le resta solvencia  -preciso es reconocerlo-   al manejarse en planos más cortos, donde se le da bien el detalle y el menudeo.

Lo malo es que la borrachera y el preciosismo también nos derrotarán aquí. Si es difícil esquivar una flecha, aquí no solamente la esquivan, sino que se retuercen por el aire, la atrapan y, encima, se la clavan al que la lanzó. Se asume, tácitamente, que los guerreros orientales tienen facultades de superhéroe, por aquello de las artes marciales y demás.
Aquí y en consecuencia, no veremos las miserias del cuerpo a cuerpo, como en Gladiator, pej,  porque ya se sabe que estos superorientales desafían la gravedad y la Física como yo me zampo un bollo.

De todas maneras, nos damos cuenta bien pronto que le importa menos la verosimilitud que hacerle guiños al cine de artes marciales imposibles, tipo made in Hong-Kong y herederos alucinados de Matrix, donde  asumen tan pimpantes que los cuerpos  pueden quedarse estáticos en el aire, como si le dieras al "pause" del DVD.

Suerte que de esto último no recuerdo que abuse. Tan solo se vuelve a exceder otro poquito con la pintura paisajista, buuf, eso sí. De seguro que China (si la han rodado allí) puede mostrar hermosos paisajes, sin necesidad de sacar esas vistas parecidas a los cuadros de los restaurantes chinos, con catarata animada y todo.

Gracias si me habéis leido hasta aquí y un saludito con katana.

domingo, 21 de marzo de 2010

Queridos viajeros del pasado



Ponte con la calculadora, saca los porcentajes y te percatarás, oh, joven geek, (si lo eres, claro) de la gran masa de población mayorcita que tenemos por el país. Empezaron su viaje a principios del siglo pasado y lo han terminado ahora, en este presente nuestro, nebuloso, inestable y acelerado, en el que ponen los pies con más canas de las que quisieran y más desorientación de la  que imaginaban. Llegan aquí, a nuestra época, nada menos que a la terminal temporal del 2010.

Pero vaya situación, ahora va y resulta que todo el tiempo que han vivido les parece un sueño, lo recuerdan como si fuera ayer mismo y todo lo transcurrido tan solo es un paréntesis casi vergonzante, en este  extraño lugar nuestro, donde no se valora lo pasado.

Muchos de ellos y por desgracia, llegan con el bagaje cultural del XIX, habida cuenta de la cortedad de las trayectorias escolares que tuvieron.  Sin pedirlo ni quererlo, fueron sacados de las aulas de las décadas de los 30 y 40s  a temprana edad, por ese tirón gravitacional irresistible que formaron las secuelas de la guerra civil, en forma de penurias diversas, además del  Deja-los-libros-y-ponte-al-tajo, zagal.

Se notan más grávidos y más lentos al andar  que cuando partieron ¿o será que los demás van demasiado rápido? Las ciudades y poblaciones se ubican donde las recordaban y hay una concordancia general en las vías principales, pero, alto...¿de verdad eran tan extensas? Y las afueras, por las que se paseaba tan agustito ¿por donde quedarán?  ¿ Y porqué hay tantos edificios con forma de prisma y fachadas lisas? ¿Dónde demonios coloca la gente sus macetas?

Y la gente, ay, qué del revés se han vuelto. Uno de los problemas es que dicha condición (ser "gente") ya no se define tan solo por las apariencias físicas, al menos no como a la manera de antaño. Ahora casi todos arrastran consigo una nube de datos invisibles, como si fuera una estela de vapor. Es la nueva aura digital  y  todos entran en contacto con ella a través de esa especie de cacharritos/amuletos que llevan en los bolsillos, así como todas esas pantallas de los hogares y de las oficinas.

Este aura invisible que mencionaba es importantísima. La mayoría tan solo posee vagas ideas acerca de su ubicación, pero es ahí por donde se accede al crédito monetario, a los contactos personales... Ahí, en algún lugar de ese extraño cielo binario (ya sabeis, ceros y unos a tutiplen) residen los datos de tu futura pareja y tu posible trabajo. También puedes obtener reconocimiento (o no, je, je)  por los textos que escribes en pantalla y por los archivos que subes.

Porque, cambiando el tercio y dirigiéndome ahora al abuelete que sepas, ay, antigualla entrañable, que subir datos puedes subir y muchos, todos lo hacen y aunque no sean tuyos da igual, so liendre, si ahora la nueva esfera de silicio es como una cornucopia, agarras lo que te de la gana y se lo das a otros, si casi más que la autoría importa la presentación  final.

Y para todo esto, viajero de los 30/40, ya puedes olvidarte de consultar a la gente mayor, como te parece recordar que ocurría en tu tiempo.  A fin de cuentas,tu ya eres mayor ¿no? ¿Y acaso tienes alguna zorra y  puñetera idea de algo? Por si no tienes los ojitos de la cara bien abiertos, que sepas que la jerarquía de los conocimientos ha experimentado una alteración radical; ahora son los adolescentes y treintañeros los que inventan, enseñan y detentan el prestigio. Mas te vale borrar tu pasado lento, lleno de escritorios de madera y carpetas de cartón gordito y ponerte las pilas.

El secreto mayor de este 2010, claro, es que algunos de tu época son los que realmente mandan, ciertamente, pero son muy poquitos y les favorecieron la fortuna, la familia, los contactos y la falta de escrúpulos. Se dedicaron a esconderse, ganar dinero y vivir a buen recaudo tras los bastidores de las grandes finanzas.
Oirás hablar poquito de ello, tan poquito como del hecho de que el auténtico saber todavía necesita de la transmisión vertical, porque se imparte en Facultades sobrecargadas y cuesta esfuerzo y atención. Le exige quema de pestañas al que lo recibe y neurosis al que lo imparte.

Ah, y olvídate de averiguar como funcionan las grandes generalidades y céntrate en tu particularidad específica ¿Has reparado en lo complicada que se ha vuelto la salud? A todos los de tu quinta les rodea otra nube y esta se compone de índices corporales de todo tipo, así como de cada vez más palabras y cada vez más complicadas.
 Esos índicadores de salud (hasta los mentales) los manipulan, marean y masturban las multinacionales de farmacia y los estudios infinitos sobre esto y aquello, como ya contaba en  2007, uff, tres añacos, ya...
Su único fin, que se sepa, es que te pases todo el tiempo en el ambulatorio, sacando recetas y dejando las aceras despejadas para los que trabajan y tanto hablan por esos trastitos de bolsillo. En fin, procura no correr tanto como ellos, no lo merece. Disfruta de las horas y de los nietos.

Dedicado a mis padres y a los de su quinta. Que disfruten los años que les quedan con alegría. Un saludo.

lunes, 15 de marzo de 2010

Los invisibles, los intocables y la caridad-basura


Invisibles. Antena 3. Domingo noche.

Los han mandado a los cuatro a la calle y se hacen pasar por vagabundos sin techo, con cámara oculta y personalidad fingida, para que desde casa veamos lo que pasa en el infierno de las noches callejeras. Son la prolongación disfrazada de la cadena Antena 3, propiedad del grupo Planeta, una entidad mediática todopoderosa y en expansión. Actúan como agentes secretos de la industria televisiva y se infiltran en el mundillo de los que no tienen nada.

Y la exploración de este tercer mundo dentro de nuestras ciudades nos es brindada en alta definición y formato panorámico, como no. Con ello nos facilitan que ejerzamos uno de los verbos más de moda en nuestra cultura: concienciación.
Si te conciencias de las miles de quejas que existen en nuestra cultura es más probable que estés en la onda  y las teles ayudan. De ello no hay duda, pero ¿habrá algún límite al exhibicionismo caritativo de las cadenas televisivas? ¿Ha nacido la clase de las superpersonas y mientras tanto nosotros con estos pelos?

Porque podría ser que las televisiones hayan creado, además de a gente telegénica,  a personajes que encima nos pueden dar lecciones de moralidad y humanidad. Es algo preocupante, porque los mas normalitos no lo tenemos tan fácil para reunir las dos condiciones a la vez. Y si las reuniéramos no se iba a enterar nadie...

Y lo más cínico y escandaloso es que tampoco se enteran los protagonistas reales de la tragedia, los que vagan por la urbe. Las víctimas de la crisis conviven sin saberlo con los figurantes de una  gran empresa y a esta solo le interesa mostrarles como espectáculo. Resulta patético contemplar la afectación relamida con que relatan el drama humano de alguien. De alguien a quien los ricachones de Antena 3 han dejado continuar siendo pobre y tragando asfalto.

Porque  -y ojalá me equivocara-   ni una sola de estas víctimas urbanas parece haber recibido un triste euro de quienes se supone que conforman un próspero grupo de comunicación. Con toda seguridad, en las pausas publicitarias recaudarán buenos ingresos, a costa de la miseria ajena y la penuria de terceros.

Debería haber una figura penal que condenara esta forma desvergonzada de actuar, algo así como morbosidad criminal o caridad basura. O instaurar alguna pena por ejercer la telecaridad, ya que no se ha hecho lo propio con la teleporquería.

¿Y a todo esto, de las personas reales qué? ¿Que podrían sentir los afectados cuando se enteraran? ¿Acaso emoción por haber convivido con Sofía Mazagatos? Lo más seguro es que se sientan halagados porque sus imágenes personales hayan sido montadas y editadas, está claro. Aquel alienígena de Andy Warhol pronosticó los quince minutos de fama para todos, pero no sé si aclaró que para algunos  serviría de bien poco...

A fin de cuentas, han sido elegidos, han compartido cercanía con el primer mundo y serán tan lúcidos como para aceptar este sistema de castas inamovible; yo lloro y tu me filmas, yo trago porquería y tu escribes una linda reflexión. Y entre nosotros, claro, siempre habrá un muro infranqueable y espeso, no me ayudes demasiado que te implicarás de verdad, cuidadín...

Que durmáis felices.