martes, 2 de febrero de 2010

Asalto al tiempo libre.

A jubilarte mas tarde, oyess.

Como las cuentas nacionales no cuadran, a solo dos años de que España fuera oficialmente un paraíso, vamos a tener que trabajar, como mínimo, dos añitos mas que nuestros papaítos y abuelos, no se si lo habréis oído por ahí.

Desde luego que es de lamentar para quienes ya les faltara poco, uno, dos, tres o cuatro inviernos. Mira que tiene narices, tan cerca de las mieles de la ociosidad bien ganada y retribuida y ale, a quedarte con las ganas...

Pero para los que aún teníamos la cosa lejana supone, no nos equivoquemos, una auténtica carga de profundidad. Primero que nada, obviemos el hecho de las responsabilidades políticas y corporativas en este actual estado de cosas. Las voy a obviar no por que no sean un hecho central, sino porque desde este pequeño rinconcito poco puedo hacer contra esos facinerosos y, encima, ellos tienen las espaldas bien cubiertas. A Emilio Botín, Tamames, Zp y Gallardón, la perspectiva poco les inquieta en lo personal.

Vayamos al grano pues, que el tiempo vuela ¿Terminará la cosa ahí? ¿No será esto el equivalente a la introducción inicial del zapato en la puerta y seguir retrasando ad infinitum? ¿Habrá límite a la capacidad de exprimirnos? ¿Llegarán a abolir la jubilación del todo? ¿Hay alguna pregunta trascendente más que se me olvide?

Los futuros avances que se prevén en investigaciones geriátricas buscarán optimizarnos en el futuro próximo, como a los coches con las ITVs. Para los ricos, capacidad sexual y de seducción; para los bolsillos modestos, desaparición de la excusa de los achaques para así no arrimar el hombro. Los niveles de control e intrusión en la jornada laboral ya alcanzan proporciones escandalosas, con empresas que obligan a aguantar la grabación íntegra en vídeo de la jornada diaria, que quien sabe las pasiones que despertará esa contemplación en algún directivo pervertido...

Todo esto ya es notable en nuestra generación y será mucho más marcado en las que vengan. Ya estaba bien de ver a los abueletes en los parques cuidando de los nietos, dado que su puesto realmente útil está ahí, en el tajo, en la cadena de produción, detrás de un ordenata alimentando al mismo sin parar y visitando a la clientela, que abrirá la puerta (si lo hace) con cara de lástima.
No está descartado que se retrase hasta los 70 la edad del descanso y que nos dejen menos tiempo libre que al semáforo de un cruce. Los futuros centros laborales podrían ofrecer un aumento de cabellos canosos en el paisaje humano; carraspeos y vasos con dentaduras postizas, pastilleros con el logo corporativo...

Y el tiempo, ese es el auténtico robo, el auténtico atraco. Que salvo el pijerío y las clases adineradas, nuestro tiempo pertenece, ahora y siempre, a otros, que son los que lo disponen ¿Acaso lo creíamos nuestro? Porque el trabajo y la actividad solo enriquecen cuando los elijes tu. Sino, te convierten en una mera terminal, en el extremo subordinado de una puta maquinaria.

Resulta muy bonito escuchar a un actor, a un empresario, etc, decir que el no quiere dejar de trabajar nunca. Pues vale, que lo pongan en una zanja picando piedra a ver. O que lo enclaustren en una oficina a dedicarle odas apasionadas al monitor y al teclado. O que pillen a un profe, harto ya de los "tiernos" adolescentes de hoy en día, y que le sometan a una terapia de intercambio de amores mutuos con la muchachada por una temporadita más.

Aclaro, poniendo velas a San Obvio, que un parado forzoso también debe trabajar todos los días buscando las habichuelas, la tarea más ingrata y desagradecida que existe. Y ya se da la paradoja de que los desempleados no encuentran nada nunca jamás y por contra los otros, los contratados, están sobresaturados y encima, les anuncian el alargamiento de su obligatoriedad productiva, quien sabe si para toda la eternidad.

Y además, está muy mal visto está el negarte a las horas y los ratitos extra; el que desconectes el móvil y volverte ilocalizable para tu santo patrono; el que pongas a trabas a la "movilidad", entrecomillada porque se supone que siempre es la tuya, claro.

Un saludo explotado y cabreado (se me pasará)

viernes, 29 de enero de 2010

La aceleración de Sherlock Holmes.

Sherlock Holmes. La peli. La de ahora.

Veenga, como no vas a pasarlo bien con este film, viendo a este ubermenchs de la era victoriana, a esta especie de Neo de Matrix pero anclado -solo a veces- a los adoquines embarrados y sin poder librarse (eso jamás) de ese dichoso clima húmedo y grisáceo. No, no me refiero al S.H. literario clásico, aunque le guarda cierto parecido.

De todas maneras, para no faltar a la verdad y ahora que caigo, no he leído ninguna novela suya. Y como resulta que si no lo has hecho, es una auténtica desfachatez el hacer comparativas, vayamos a ello, tal y como dice un amiguete.

Porque -conjeturo yo- sería muy dificil alcanzar, tan solo leyendo, las altísimas velocidades de ejecución visual de los personajes del cine reciente. Me da que para un lector victoriano todavía sería más costoso, con esa rémora de narraciones de ritmo epistolar que llevarían en las mentes.
Este Sherlock sería demasiado para ellos, casi ni serían capaces de percibirlo, debido a la alta frecuencia con que se mueve al atizar mamporros, por poner un ejemplo.

Aquí nos han querido contar otra historia, otra cosa muy diferente a lo que se daba. Este tipo es un mutante, un replicante o algo parecido. No hay mas que verlo en compañía de los huma, digoo, de los otros personajes de la película y alucinar con la tensión extra, con el procesamiento en paralelo que hace del entorno, detalle que hay que agradecer al actor, por cierto.

Lo suyo es un puro trance al estilo zen, como el que haría no sé, alguien que fuera tan solo el apéndice biológico de un procesador Pentium i7 con mogollón de núcleos. En uno de los hilos de procesado lleva la conversación con Irene Adler y en el otro ya está preparando el disfraz de mendigo, el salto veloz por la ventana, la intercepción de la carroza donde va Irene y una rápida fotografía mental de la pistolita del interlocutor misterioso.

Estoy seguro que ni siquiera los guionistas estaban preparados para ello. Habían virtualizado este Londres neblinoso y atestado con casi todos los píxeles necesarios. Casi, jeje. Tenían listo a ese procesador humano con pipa de cazoleta preparado para soltarlo en la simulación. Pero el muy galgo, al estilo de los buenos virus informáticos, actúa más célere de lo esperado y se hace con el control total. Por eso tienen que poner añadidos explicativos a posteriori, seguro, para que las personas normalitas, más embotadas, pillemos algo de lo que ha pasado.

¿Sobreviviría esta era victoriana, ucrónica y ficticia, al S.H. mutante de esta historia? La verdad es que no sabemos la mella que podría haber hecho semejante robot de combate, capaz de calcular un enfrentamiento físico en fracciones de segundo y luego ejecutar el correspondiente programa rompehuesos como si fuera una máquina de hacer hamburguesas.

Menos mal que tiene a Watson, el técnico de mantenimiento así como su ancla con la realidad. El se encarga de conectar -con mucha dificultad- a este autista ultrahumano, tan cerca de los gamers y frikis también autistas del siglo XXI, con los sentimientos y emociones normalitas del XIX.

Bueno, un saludo tranquilito y sin aceleraciones

miércoles, 20 de enero de 2010

La Economía alienante.

Pregúntale al economista camuflado. Tim Harford.

Segun
la publicidad del editor, este último libro del economista Harford viene a dejar sentada la reputación adquirida por su autor. Este pertenecería a una "nueva raza de economistas" identificados con las preocupaciones de la gente. Y está claro que así es. Este autor lleva una columna de respuestas al lector, en un periódico británico, donde se ocupa de poner la racionalidad supuesta de la disciplina de Keynes y Galbraith al servicio de las preocupaciones cotidianas.

Y quien sabe si no será en esas cosas cotidianas donde hallen su nicho más apropiado los estudiosos de la llamada "ciencia" económica, con esa capacidad descriptiva tan maravillosa acerca de procesos que ya han ocurrido, je, je . Da gusto ver lo didácticos que se ponen algunos de estos popes al explicarnos como ha sobrevenido una crisis económica bestial (800.000 españoles al paro en 2009) por la sencilla razón de que no podía ser de otra manera.

¿Y porque no decían nada antes? Porque se queda genial explicando las cosas a posteriori, dado que así no hay posibilidad de equivocarse. Lo que no se entiende es como, en unas sociedades que buscan la máxima eficiencia, aún siguen manteniendo su puesto como catedráticos en las universidades, dado su nefasto papel como augures. De hecho, hoy en día, el arte de la supervivencia gremial consiste, en buena parte, en convencer de lo necesario que eres...

Quizá continúan alimentándose de la puchera porque, dependiendo de sus tendencias políticas, acostumbran a secundar a los gobiernos de turno, revistiendo de palabrería pomposa y pretendido aval científico lo que no son mas que empeños ideológicos y corporativos.

O porque algunas de sus matemáticas, aunque inútiles para los macrocolectivos, léase países, son eficaces para la gestión empresarial y por lo tanto resultan útiles para los diversos buitres y tiburones financieros que poseen las compañías.

Han tenido tal éxito promocionándose estos predictores -por otra parte calamitosos- que pensamos que tiene sentido preguntarles cositas tales como el reparto de las herencias a nuestros hijos y hasta -pasmémonos- las elecciones de pareja.

Estas son las estupideces que le preguntan a Tim Harford. Y como no, el las responde, revestido con la aureola de santón de la teoría de la elección racional. Porque siempre elegimos racionalmente aunque no lo sepamos. Si no lo sabemos, ellos se reafirman en definirnos principalmente como homo oeconomicus, ale, que tiene bemoles. Por lo visto, esta es una especie de homínido derivado del sapiens y que, cuando este cazaba y pintaba cuevas, el ya se dedicaba a contar con su ábaco y sus piedritas las ganancias acumuladas en su choza.

Lo malo es que, las disciplinas parasitarias de la ciencia, tales como la Economía, se han especializado en elaborar discursos autojustificativos, con una verborrea impactante, capaces de dar cuenta tanto de un acierto como de una cagada diagnóstica. ¿Acaso no es chocante que los economistas de salón - o de columna semanal, tanto da- como Harford dispongan de respuestas para todo? ¿No presentan una sospechosa cercanía con Elena Francis?.

Un saludo, pero sin calculadora.

martes, 12 de enero de 2010

Pais de nieves y aguas


Un saludo a todos los que han tenido problemas con la nieve en estos días. Un saludo, porque probablemente es lo único que vais a tener, además de las recomendaciones públicas y generales de que tengais cuidadín, de ponerte las cadenitas (ojoor, que si no hay nieve te cargas los neumáticos), de que consultéis las webs oficiales, que siempre suelen estar en clamoroso contraste con lo que te cuentan los paisanos de alguna zona.

Vivo en la ciudad de Valencia y estos días estoy yendo a la vecina provincia de Castellón. Cualquiera pensaría que la Comunidad Valenciana tiene una asociación natural con el sol y el agua, y es cierto, la tiene cuando le da la real gana tenerla. Esta semanita, el interior de la provincia de Castellón parecía alguna zona siberiana dejada de la mano de los zares. Parches de hielo matinales que hicieron que mi vehículo patinara como si fuera Mijail Barisnikoff, y gracias que la cosa se quedó en eso, paisajes que recordaban toscamente a la Laponia pero sin renos, en fin...

Y es que, en efecto, hablo de la llamada red secundaria. Esa que empezado el 2010 es incapaz de abastecer a un montón de ciudadanos no urbanitas de los más indispensable, símplemente porque no hay dios que se atreva a cruzarla en días como estos. Es como si descendiera un agujero negro de índole climática y convirtiera la España rural en un anexo del área 51, aislada por lo que los escandinavos llaman "mierda blanca". Y por supuesto, pido perdón por la expresión, lamentando no disponer de ella en el original, pero da a entender muy bien lo poco idílicas que pueden llegar a ser las nevadas.

Los informativos nos acostumbran a eso de la "sensación térmica", expresión que da a entender que el viento del copón aumenta el frío y las molestias, además del peligro de que un carámbano te perfore el colodrillo. Queda la recompensa visual innegable de los paisajes, apta para niños y estetas de ánimo positivo, generalmente esquiadores findesemaneros, pocas veces operarios de las quitanieves y otro tipo de plebeyos climáticos forzosos.

Tan omnipresente ha sido el clima que hasta en el blog ha nevado.Un saludete blanco.

martes, 5 de enero de 2010

El trabajador esforzado.

El Prefecto. Alastair Reynolds.

Siempre resulta grato ver la entrega esforzada a una labor, el como un profesional de lo que sea llega hasta el fin de su tarea de la manera mas concienzuda posible. En la presente novela, tanto el autor (Reynolds) como el protagonista (el prefecto Tom Dreyfuss) se baten a fondo para ganarse el salario. Desde luego, por intentarlo no quedará.

Reynolds intenta compensar el hecho, irremediable, de no ser Iain Banks. También arrastra la condición de no ser siquiera como Hamilton. Por lo tanto, los personajes van creciendo en complejidad pero de manera sencillita, nada de ganar densidad biográfica ni emotiva. Aquí todo es más fácil y tan solo se van revelando los detalles pertinentes para la acción.

Tampoco el escenario de Yellowstone y su Anillo Brillante son presentados con la alta definición con que los presentaría Hamilton. Por supuesto, eso sí, que forman un decorado amplio, resultón y, ante todo y muy importante, con multitud de rincones donde pueden pasar cosas continuamente, sin que entren en conflicto con los hechos narrados en otras entregas.

En esta ocasión, abandona el despliegue imaginativo de los últimos títulos, sobre todo porque apenas encontramos esbozos de culturas exóticas. Tanto Ultras como Combinados se quedan en apuntes útiles para la historia. Tampoco se alude a las clásicas megaentidades pertenecientes a razas avanzadas o a universos paralelos, no sé si por cierto sabor confuso que terminaron dejándonos tanto El desfiladero de la absolución como El arca de la redención, con ese guirigay más bien vago de supercivilizaciones que no se ven y artefactos que no se entienden.

En El prefecto, por contra, apuesta decidídamente por los buenos trabajadores de la plantilla, por los empleados fieles. La organización llamada Panoplia es la comisaría de Hill Street, la multitud de hábitats espaciales son Esas Calles duras de Ahí Fuera. El prota, Tom Dreyfuss, es el policía tenaz, concienzudo y con una intuición de rayo laser. A la que hace de jefe le han encomendado que sude el papel y a los malos les han dicho que sean odiosos, así como fríos y calculadores hasta la nausea si quieren prima por productividad. Asimismo, los secundarios se han leído el guión y ejecutan bien el estereotipo correspondiente.

Y el autor, un buen empleado, ha decidido llevarnos de sobresalto en sobresalto, para cumplir con su contrato laboral. La inventiva esta vez no llega tan lejos como en otras ocasiones, pero la trama está mejor hilada y resuelta aunque, eso sí, se echan muy de menos las pinceladas siniestras de otras veces. Y es que, independientemente de la maldad y rareza de los adversarios, el universo que nos encontramos ahora es más benigno y con escala humana, así como susceptible de pacificarse y ordenarse.

Debe de haber tenido una revelación a la hora de escribir : si despliego exotismos y maravillas en demasía me acabaré liando y confundiendo al personal. Total, para que invertir en portentos galácticos para luego dejarlos abandonados y sin amortizar. Por lo tanto, señores, vamos a concentrarnos en resolver los quebrantos de la ley y perseguir a los infractores, ya sean de silicio o de ADN. Y lo haremos con la plantilla, recurriendo a cuantas menos subcontratas mejor. Esta es la razón, creo yo, por la que los hipercerdos modificados genéticamente apenas tienen unos cameos.

Y una vez visto de esta manera te resulta liberador, ejem, y relativamente fácil, el disfrutarlo como un pasapáginas correcto, realizado por operarios honestos. Seguro que ya queda menos para que publiquen alguna cosa hecha por Maestros Artesanos...

Un saludete laborioso y cumplidor.





miércoles, 23 de diciembre de 2009

Saltar con los pitufos azules


Avatar. 3d. Como no.

Lo de los pitufos lo mencionaba Peter Watts (creo), en una entrada suya referenciada en Prospectiva, cosa que me ha hecho bastante gracia. Por lo demás, no se puede sino coincidir con otras opiniones en que es una película palomitera, con un esquema tan clásiquete que hasta lo adivinaba un chavalín que tenía sentado al lado.

Resonancias con la literatura fantástica y de cf las hay a punta de pala. Rafa Marín, en su blog, nos encuentra un montón y da que pensar sobre lo poquito que ha trabajado el departamento de guionistas de este film. Mas bien, parecen la sección de cocina, de tanto refrito de ideas ya publicadas, aay, pobrecitos, como se habrán estrujado las meninges...

Aquí, lo novedoso -bueno, no tanto, ejem- es la inversión tecnológica y financiera para crear un mundo psicodélico y de colorido alucinógeno. Los que han currado como termitas han sido los operarios tecnológicos, los magos visuales, los digitalizadores monstruo. Estamos abocados culturalmente al escapismo de élite y de altos vuelos y cada vez demandamos simulaciones más completas, con más píxeles y con mejores texturas.

No hay mayor contraste con el orbe supercromático y casi palpable de la pantalla que girarte un momentito y ver los caretos del público con las gafitas puestas. Tiene este universo ficticio que visionas mas atributos de realidad que esa sala llena de entidades sentadas y en comunión momentánea con un lienzo.

Hay en el planeta Pandora más color, luz, movimiento e inmediatez que en cualquier jornada cotidiana que vivamos durante una semana normal. Por eso pagas por verlo (y por si acaso cayera, por fin, Esa Buena Historia que Ansías, pero bueno...) Si nos fijamos, las jornadas laborales -y a veces hasta las familiares, je, je- son filtradas selectivamente por la atención, solo nos interesa lo que se sale de lo normal, por si hiciera falta intervenir.

En Pandora no. En orgías perceptivas como esta procuras abrir todos los orificios sensoriales que posees, para adaptarte a la inmediatez de ese medioambiente lujurioso, tal y como haría un chamán primitivo colocado de peyote hasta las cejas. Te gustaría saltar con esos primos de zumosol de los pitufitos clásicos que son los navy, de rama en rama y sin arrearte ninguna colleja, en vez de patearte anónimamente las aceras de todos los días.

Pero mencionaba anteriormente al chamán, porque el nos lleva ventaja. Cuando se colocaba de ayahuasca o algún otro vegetal poco cartesiano y por la cuenta que le traía, por lo general procuraba volver con alguna directriz sobre los temas que preocupaban a la tribu. Ni podía ni tenía ocasión de copiar al hechicero de la tribu rival.
No como James Cameron, el director del film. Este nos ha plagiado a tantos creadores anteriores de sueños que hasta da un pelín de verguenza ajena. Eso sí, ponerle pintura al paisaje se le da de cine, nunca mejor dicho.

Un saludo cromático pero sin saltitos.

sábado, 12 de diciembre de 2009

El platillo de mi vida.

Una entrada muy sabrosa del guadianesco y reaparecido Knut me ha recordado lo que significaba el misterio ufológico para mí. Era el colmo, la leche en bote. Cuando adolescente seguí una especie de alerta ovni por la radio y me parecía estar asistiendo a la llegada inminente de las naves de la Cultura, las que molaban, las de Banks. Efectivamente, en esos niveles de mariposeo cultural se movía uno, aiis...

Devorabas ciencia como lector y adorabas la divulgación como seguidor interesado. Y al mismo tiempo no parabas de ponerle velas al diablo, porque mantenías una remota esperanza de que alguna Sección de Contacto alienígena, de vete a saber donde, nos hubiera elegido para amenizarnos la vida. Era toda una demostración de la contradicción inherente a la naturaleza humana.

Y el paso de los años se encargó de demoler cualquier traza de misterio que pudiéramos haber encontrado en esos supuestos artefactos inexplicables. Las huellas físicas resultaron ser espurias y los testigos militares, el colmo de la confiabilidad, no podían ofrecer nada, mas allá de un reporte oral y de la petición de fe en su credibilidad.

Los informes finalmente desclasificados por las autoridades arrojaban tal jarro de agua fría que los escritores y editoriales que vivían del tema contraatacaron con saña, alegando manipulaciones y sacando fallos oficiales, que los había, claro que sí.

Pero eran fallos provocados e inducidos por ciertos apóstoles de la racionalidad escéptica más aburrida, por sus manejos y por sus ganas de aparecer como una especie de asesores espirituales de los militares. Eran manejos que los situaron en posiciones ridículas. Los militares, visto que el tema no constituía amenaza alguna para la seguridad, aparcaron el tema, no sé si con negligencias varias, pudiera ser. Pero eran coladuras de tipo burocrático, cacicadas varias, desprecio por el asunto...

Pero ¿y que? ¿Que prueba esto, salvo la falta de sentido del ridículo de algún que otro cientifista implicado en el tema? Nada. No probaba nada y el "residuo inexplicable" tan traído y llevado, la proporción del cinco por ciento o así de casos raritos, sigue sin aportar la suficiente masa crítica. Miras en la noche los cielos y ves algo extraño y para de contar. Y si es extraño es porque en muchísimas ocasiones resulta imposible precisar y definir lo que ves.

Pero un montón de casos sin explicar, aunque sean lo más opuesto a una categoría factual definida, sí que pueden constituir una especie de reservorio espiritual para provocar sensaciones. Se trata de dejar la miel en los labios, que ya se encargará nuestra psique de quedar debidamente fascinada. En estos últimos años, el despegue de Internet y las nuevas tecnologías relanza la difusión del tema pero ay, cuidadín, porque puede suponerle su golpe de gracia final.

Los supuestas imágenes resultan mas imposibles de creer que nunca por la facilidad actual para falsificarlas, los testimonios ridículos asociados a ellas provocan cada vez más el bochorno en propios y extraños y el tema empieza a adquirir un aura de rechifla unánime . Y hace años que no aparecen casos ni libros "importantes" sobre el tema, tan solo realitys mediáticos sobre bufonadas asociadas, dado que el tema "padre" está caput.

El "fenómeno" ovni ha muerto por incapacidad para alcanzar el orgasmo, por gatillazo definitivo y por ser huidizo hasta la médula, como solo puede serlo una amalgama de peras con tomates unidos por la voluntad de creer.

O por la incapacidad para contradecirlo ¿quien puede probar la inexistencia de algo? Asco de racionalidad. Al próximo escéptico a piñón fijo que me cruce lo archivo en .trash.