
No es buena cosa comentar un libro desde recuerdos añejos, como son los que yo poseo de Cita con Rama, de este Mr. Clarke que nos ha dejado sin poder viajar hasta la base Clavius en Aristarco, ni poder acariciar el hipercable que izaría uno de esos ascensores hiperbólicos y estratosféricos que gustaba de recomendar a quien le leía.
En Cita con Rama nos hizo entrar en una gigantesca capilla abandonada, con funcionalidades de macronave generacional contenedora de habitantes. Para Clarke, la tecnología muy desarrollada era como la magía, inspiradora de reverencia, y es con este sentimiento como procede a darnos entrada en ese gigantesco panteón abandonado, ese contenedor de prodigios alienígenas.
Si con Stanislaw Lem lo desconocido cósmico provocaba extrañeza profunda e incomunicación, con Clarke era todo lo contrario, infundía la reverencia por la magia en quienes ya tenían vocación previa de magos (o aprendices de brujo), esos descendientes nuestros que se aventuraban mas allá de la atmósfera. De hecho, la misma lejanía y majestad de esas civilizaciones tipo III que se van encontrando despierta esperanzas de una posible fusión-aunque sea espiritual-con las mismas.
Como era un optimista tecnológico trataba con mimo y realismo el despliegue tecnico humano. Una muestra de ese mimo es que los expedicionarios terrestres en Rama, una pandilla de boy scouts democráticos, optimistas y políticamente correctos, consiguen entender buena parte de lo que ven, aunque desde luego no todo, ciertamente, así como sobrevivir a la aventura.
Levantemos una lanza por el, venga, ya que si bien los personajes pueden ser olvidables, la inventiva desplegada con el vehículo Rama me hizo evadirme con gusto mientras la leía, disfrutando de esa ambición imaginativa , deambulando por un marco físico grandioso y epatante, tanto como esas primeras escenas, cuando entran a oscuras y vagabundean por dentro...
Era, desde luego, un progresista lineal incurable y un místico de la carrera espacial, porque el espacio astronautico y estelar era para el como un sustituto de Dios y lo religioso. Uno le sigue recordando con simpatía, algo menoscabada por todas esas secuelas que vinieron después, esos Venus prime, etc.
Bueno, ya es tarde y Rama es solo recuerdo, descansen en paz Clarke y sus concepciones. Un abrazo con escafandra para todos






