martes, 27 de enero de 2009

Australia y Disneylandia.

Los primeros seres humanos del género sapiens que pisaron Australia ya lo hicieron hace casi la friolera de cuarenta o cincuenta mil añitos, que se dice pronto, pero desde luego fue antes de Nicole Kidman.

Fue una de las migraciones de nuestra especie más antiguas de las que se tiene constancia, facilitada por unos menores niveles oceánicos que permitieron desplazamientos en embarcaciones sencillitas desde las islas cercanas y todo eso, consiguiendo poblar el territorio de unos extras de cine de lo más resultón.

Después de esto, los niveles del mar subían y bajaban como el termómetro, de tal manera que ello propició un aislamiento de lo más cojonudo y efectivo, una especie de éstasis en el que vivieron con ciertos mamíferos marsupiales, unos que traían una cestita maternal incluida en el diseño y que luego harían las delicias de colonos y espectadores con palomitas.
De hecho, se pasaron el 99 por ciento de su historia étnica y culturalmente solitos, viviendo su particular paradoja de Fermi, cosa que suele traer consecuencias nefastas, al menos aquí en nuestro mundo.

No es de extrañar, por tanto, que viendo saltar a los canguritos y especializándose en sensaciones olfativas, rastros, colinas y demás, no estuvieran preparados para la globalización victoriana que se les vendría encima con los "colonos" británicos. El entrecomillado es obligatorio porque eran en buena parte escoria presidiaria y carceleros ventajistas, que aterrizaron allí como predadores y que laminaron a la población local, dejando la justita para luego hacer pelis de buena conciencia como esta.

Como en toda producción con sacarina, donde los malos lo son sin medias tintas y el sexo es una
muslada apenas entrevista, los actores de las etnias segregadas representan a magos alienados que, en el colmo de la contradicción, ejercen de agentes colonizadores de lo más eficaz. Que sería del rebaño de ganado de la Kidman y el otro prota de cuyo nombre no quiero acordarme, si el niño nativo no fuera capaz de frenar una estampida masiva con solo ponerse de frente y mirar. Como en Cocodrilo Dundee pero a lo bestia...

Y si de pronto el desierto se muestra como lo que es, más seco que la mojama, pues con recurrir al abuelo del niñito, que hace radiestesia gratis, ya tienes agua de sobra, que la cultura donde nació este señor ya señalizó todos los acuíferos existentes, previendo las necesidades de los futuros colonos blancos.

Es decir, que basta que quieras al pequeño niño "café con leche", que lo quieras bien, para que tengas un pase de honor y quedes a salvo de todo peligro, con el continente convertido en un parque temático donde los nativos verán dentro de tu corazón puro y pondrán su sabiduría a tu servicio. Si encima eres Nicole Kidman solo habrás de echar paciencia con ese actor convencional y estereotipado que, a su debido tiempo, dejará de hacerse el duro y reconocerá que te ama.

Pero si en vez de ello solo eres el primo que pagó la butaca -si, otra vez yo, que lo mío es la penitencia fílmica- solo te queda la voluntad de reprimir la arcada tremens y que pasen pronto las casi tres horas.

Un saludete de canguro domesticado.

7 comentarios:

Peter Sinclair dijo...

jajajaja, de verdad, tienes un futuro como escritor de este tipo de reseñas. Aunque no sé si tu bolsillo y tu bilis aguantarían el ritmo. Yo es que cuando vi que la dirigía el Baz Lurhman este (o como se escriba) ya me dije que no la iba a ver ni loco, aunque luego ha habido gente que me la ha puesto como entretenida.

En fin, te desearía mejor suerte a la hora de elegir la cartelera pero oye, si luego nos regalas estas entradas pues nada, a sufrir! jejeje

Errantus dijo...

¡Santas canguras! Horror de horrores. Gracias avisar, que a mí me llamaba la atención ver a Jackman, pero no soporto la melaza concentrada. Me he salvado de una diabetes. XD

Definitivamente, para disfrutar de Australia me quedo con El país del fin del mundo de Pratchett.

padawan dijo...

Me encanta esta sección de cine masoca. Leer sobre películas malas es, desde luego, mucho mejor que verlas... aunque claro, alguien tiene que hacer el esfuerzo!

Knut dijo...

Joer.

Y yo que pensaba que lo mio era tener estómago.

Al menos me quitas la culpabilidad por estar leyendo Zombie Island, que más que mala es atroz, incluso sospecho que la poca inteligencia que tenía ha debido caersele por el camino, en el camión de MRW. Es de esos libros que hay que leer temiendo sacudirlos, y como esta peli recuerdan que el fumar y el beber no son los únicos vicios que pueden matar.

Buf, sobre todo con la tipa esa hiperoperada que ha echado tetas de una peli a otra. Ni la presencia de Lobezno justifica el ir a verla. Preferiría antes sufrir una masturbación con cristales rotos.

Unos días leyendo fantasía mormona (¿prologada por Barceló?) y otros viendo este cine. Ole, ole, ole.

No hay adolescente pastillero que se machaque el cuerpo tan vilmente como tu.

Ole, ole, ole!!

francissco dijo...

El amor por una persona obliga a tener que aventurarse en los horrores de cierto séptimo arte. Lo curioso es que ella -porque de ella se trata- a posteriori echa más pestes que yo, a pesar de haberla propuesto originalmente

Pero le puede la opinión de su ínclita mami -que dios guarde muchos años, ojito- la cual le advierte de la notable calidad de esa peli que le "emocionó". Y toda su experiencia previa con tales recomendaciones no sirve, que madres se sabe que no hay más que una y a mí me encontró en la calle...

Como podeis ver es una interferencia de la suegra en mi vida de lo más intolerable y denunciable y no lo digo por amor al cliché, je, je

Errantus dijo...

Tengo la solución ideal al problema. Llevarse a la suegra a ver la próxima peli para masocas, para que ande recomendando, y a tu costilla la dejas en casa. ;)

Knut dijo...

Ah, la sapiencia rusa ya lo anunciaba, no en vano suegra se dice Storva.