miércoles, 24 de febrero de 2010
Internados en el surrealismo.
El internado. Antena 3. Lunes noche.
Las series televisivas poseen sorprendentes propiedades elásticas, superiores a las del chicle, el caucho y el látex de los preservativos. Y la cosa casi sería lógica en aquellas que constan de capítulos autoconclusivos, al estilo de las comedias de situación y las series policíacas.
Lo malo es que la falta de ideas hace que a todos los guiones se los estire a lo bestia, como cuando secas un calcetín por las bravas.
Pues allá vamos, quien siga esta serie que se salte la sinopsis y quien no, que sepa que trata sobre un internado que no es tal.
Primero fue un orfanato, iniciado en los tenebrosos años cuarenta, el cual proporcionaba "material" humano a unos médicos nazis, huidos al perder la guerra Alemania. Los huerfanitos eran clonados como terneros para experimentar con un virus letal, destino reservado a los más desafortunados. Con otros, se buscaba la inteligencia así como la excelencia genética y, ya puestos, unos bonitos ojos que resplandecen en la oscuridad (lo juro)
Después, y al correr las décadas, los nazis se reciclan en una multinacional farmaceutica que fabricará el antídoto contra su propio virus, para así forrarse.
Y se dedicarán a hacer todo eso en los sótanos de un aparentemente requetepijo colegio para nenes con papis lejanos, a los que visten con uniformes, les dan habitaciones para dos y portátiles de marca, bien provistos de conexiones a Internet por un conocido operador, que tiene más publicidad en los planos que en su propia web. Bueno, fin del resumen, wapeton@s.
La realización es bastante correcta, incluso atractiva, lo cual viene de perillas para enmascarar lo inverosímil de una historia que se prolonga ad nauseam.
Seguro que concluirá por agotamiento de los intérpretes, porque si no... Hay personajes principales que, con todo lo que llueve, llevan decenas de capítulos creyendo que están en un colegio normal, que tiene narices. Véase si no, el caso paradigmático de Elsa, la directora perceptívamente cretina que, ni con un hermano teratológico escondido, un bebé robado y mil barbaridades más, da muestras de comprender qué demonios pasa a su alrededor.
Porque ya se sabe que todos los días en los coles aparecen cadáveres por los alrededores, por los jardines, desaparecen personas de la noche a la mañana, hay apariciones y suplantaciones de recién nacidos, entran hombres lobo en la cocina, pero nada, pecatta minuta.
Y a todo esto, un grupito de adolescentes molones que están en el ajo, se lo pasan yendo y viniendo de curso en curso como si tal cosa. Acaba la clase de Mates y se meten por los pasadizos a pelearse con los sicarios de la multinacional, contemplan homicidios un día sí y otro también, los infectan con virus, les acosan los fantasmas de los muertos, les matan compañeros, les secuestran a los padres. Y a nadie cuentan nada. Es el summum, la exaltación del Secreto Adolescente, dioss...
Porque eso sí, después de desayunar con zumosol y al empezar la jornada de clase, no pueden hablar porque les riñe el profe y les castiga con trabajos, ay que joderse. No es hasta el capítulo 40, o así, no recuerdo bien, cuando aparece un poquito del mundo real y ves a la policía por allí. Mientras tanto, la salvaguarda del Bien y del Mal ha estado ¡a cargo del cocinero!, un tal Fermín, Fermín Bond para mas señas, que de la nada se vuelve experto en hackeos, intrusiones y material hig-tech.
Pero quien crea que todo esto es un hándicap estaría equivocado. ¿Acaso los personajes no son mínimamente telegénicos ? ¿Y cada capítulo no nos ofrece un mejunje de misterios, con resonancias paranormales, potterianas, conspiranoicas, etc,? Encima, nos lo ponen en la hora comodona post-cena, que mas queremos. Pues ale, a suspender la incredulidad y relajarse.
Como el misterio se eterniza, cada capítulo nos ofrece el placer de la repetición, el gran secreto de las series pegajosas. Estímulos parecidos y a un ritmo similar son ofrecidos en cada entrega: romance adolescente, cacharrería digital, lealtad entre compis y triller doméstico. Alguien ha descubierto los patrones de atención del cerebro, como decía un estudio por ahí...
Para los demás, un atracón de látex (voluntario).
Un saludín y cuidado con la caja idiota. Aunque ya lo sabíais ¿no?
miércoles, 17 de febrero de 2010
El hombre Benicio (del lobo)
El hombre lobo.
La transformación del hombre lobo en Benicio del Toro (sí, el orden de los transformandos es el correcto) es evidente que tiene sus pros y sus contras, como todo en la viña del señor.
Siendo en cierta manera un remake de la versión clásica o, por lo menos, un intento de volver a cierto clasicismo, no deja de cometer los pecados de las adaptaciones modernas; planos cercanísimos, cámaras zigzagueantes y estallidos acústicos para que alguna grite.
Eso sí, a modo de nota curiosa, en la sesión que estuve no gritaba nadie...
Y la interpretación. Benicio es un actor correcto y contenido, a mi entender, pero no puede competir en carisma contra Hannibal Lecter/ Hopkins, contra la presencia en pantalla de este.
Y eso que aquí, Lecter/Hopkins está limitado por el guión y la dirección pero aún así y a pesar de ello, se acaba zampando cada escena en la que participa. Y todo a pesar de que ya está mayorcito, crepuscular y se le olvida a veces que no está en El silencio de los corderos, papel que le dejó una impronta indeleble cada vez que interpreta dentro del Terror.
Benicio lo tiene tremendamente dificil, de justicia es reconocerlo. Está obligado a soportar alguna que otra metamorfósis lobuna traidora, que le asalta justo en el momento que mejor está empezando a dramatizar lo que sea que tenga que decir.
Son transformaciones aparatosas, casi equiparables a las del Hombre lobo americano ese. Casi. En ellas, de pronto se pone a correr y a saltar desafiando la Física y las leyes de la locomoción cuadrúpeda, con esas dobleces de tobillos imposibles. Y también resulta imposible la velocidad de la acción, pero ya nos estamos acostumbrando a eso ¿no?...
Pero peor lo tiene Del Toro cuando se enfrenta a Papá Lobo. Hopkins, con un simple gesto, provoca miedo real, aún estando en horas bajas. A su lado, el Lobo Benicio semeja un perro acobardado, porque siempre -lo suyo es escapar del bozal- le van a la zaga los de la
También se desgarran las vísceras en London city, claro, pero si ya has visto UHLAenLondres, que te voy a contar de pánicos urbanos inducidos por licántropos; las escenas están sacadas de allí, lo único que las señoras llevan faldas largas para parecer antiguas.
Lo que no han conseguido es transmitir la sensación de malignidad que provoca el llevar dentro de uno esa condición bestial. Aquí, lo maléfico es tratado no como escisión moral interna sino, más bien, como un terror hipocondríaco, muy adecuado para la óptica revisionista imperante en estos tiempos de House y CSI. Al menos, te consuela que no aparezca el loquero de Cuarto Milenio ilustrando sobre la porfiria, aunque al tiempo...
El pesar de Benicio por dicha circunstancia, por su herencia maldita, es de índole sentimental, por el romance que se pierde con la protagonista, adicta a los amores malditos y que a ratos recuerda a la de Crepúsculo, de infame memoria.
Y destacar, por último, la correcta ambientación decimonónica. Consiguen, con bastante frecuencia, que dentro de las casas se vea tan poquito como en aquella época. Y la ciencia y la psiquiatría se muestran convenientemente cerca de la veterinaria bovina, aquí no ha faltado rigor.
Un aullido para todos y cuidado con la sal de las palomitas.
viernes, 12 de febrero de 2010
Cuando la sangre brota.
A hierro y fuego. Sean Mcglynn.
Las atrocidades de la guerra en la Edad Media.
Olvídate a ratos, cada vez que agarres este libro, de que eres urbanita, demócrata y que das bandazos a derecha e izquierda, intentando coger lo mejor de ambas corrientes políticas.
Olvida, igualmente, que eres partidario de delegar la violencia física en el Estado, dado el verdadero estado de nuestra capacidad física para ejercerla (las tortas duelen hasta cuando las das) y de que te horrorizas cuando ves violencia física real. Ah, y no vale con alegar disfrute cuando ves las de Tarantino, eso no es más que un desahogo adolescente y pequeñoburgués, bien lo sabes.
Si encima eres partidari@ de levantar expedientes judiciales a los padres que pegan a sus hijos, tendrás quizá que hacer un esfuerzo suplementario, pero este pequeño juego mental es accesible a todos.
Se trata de imaginarte inmerso en una soldadesca, pletórico de espíritu de cuerpo y camaradería, rabioso perdido contra un enemigo al que has aprendido a odiar más que a las hemorroides y en un estado mental inimaginable, colocado de adrenalina hasta las orejas.
Encima y para colmo, tienes todas las bendiciones para matar y el rebaño humano entero que te rodea no para de hacerlo. Matan los camaradas que parecían poquita cosa, los jefes, ese que parecía gay, los sacerdotes, tu compañero de catre... Y entonces lo haces, movido por el embrujo colectivo y vas y ensartas al primero y, una vez hecho, los siguientes son más fáciles, claro, siempre es así...
El juego que menciono arriba se practicaba en un inmenso tablero de casquería y vísceras, llamado Occidente medieval, un campo de juegos que se replicó, por cierto, en todas las épocas y continentes, dada la ineludible condición humana.
Y se trataba -y se trata- de alegar todo tipo de excusas, tales como defensa de la fe, mantenimiento de los derechos dinásticos, protección de las fronteras, etc, para mantener a ultranza la línea principal, el objetivo de la partida.Porque lo más importante era dejar muy, pero que muy claro, quien mandaba y lo que pasaba por cuestionarlo. Generalmente, lo demostraban los reyes, que eran el primer primate, el babuino jefe, el lobo fuerte de la manada.
Para nada estorbaban las convenciones de la contienda caballeresca. Si acaso, para respetarse entre caballeros de ambos bandos y hacer hamburguesas con la infantería rasa y con el pueblo llano. Pero frecuentemente ni los caballeros se libraban.
El dar ejemplo era toda una ciencia que después han seguido practicando los clanes mafiosos. Y el mejor ejemplo se daba con los cuerpos humanos. A mayores salvajadas se les hacían, mas impacto y temor provocaban en el paisanaje a someter. Cuando -gracias a dios- no sabes de esto mas que lo que lees y oyes, desde luego que eres afortunado. En este libro y en otros como el de Joanna Burke, Sed de sangre, que por si mismo merecería otra entrada, ves a las personas normales de otra manera.
Ves lo que muchos -quizá y por desgracia- haríamos bajo grandes presiones. Un piloto británico de la segunda guerra mundial relató que, cuando después de un combate aereo vió la destrucción que sembraron sus bombas en Dresde "...sentía un orgasmo intenso y una increíble laxitud física, como después de hacer el sexo con una mujer grande y fuerte..."
Ey, no, no intentemos demonizarlo; antes de eso parecía ser un fulano de lo más convencional...
En fin, que si al realizar el experimento mental que proponía eres tan cafre que llegas hasta la frase entrecomillada en rojo, por favor aléjate de la sociedad y únete a una narcobanda, a un accionariado bancario o a un partido político. Que digo, mejor esterilízate, si no es demasiado tarde ya, claro. Tus antecesores violaron y dejaron multitud de descendientes y así nos va, so pendejo.
Un saludo. Tranquilito y sin violencias.
Las atrocidades de la guerra en la Edad Media.
Olvídate a ratos, cada vez que agarres este libro, de que eres urbanita, demócrata y que das bandazos a derecha e izquierda, intentando coger lo mejor de ambas corrientes políticas.
Olvida, igualmente, que eres partidario de delegar la violencia física en el Estado, dado el verdadero estado de nuestra capacidad física para ejercerla (las tortas duelen hasta cuando las das) y de que te horrorizas cuando ves violencia física real. Ah, y no vale con alegar disfrute cuando ves las de Tarantino, eso no es más que un desahogo adolescente y pequeñoburgués, bien lo sabes.
Si encima eres partidari@ de levantar expedientes judiciales a los padres que pegan a sus hijos, tendrás quizá que hacer un esfuerzo suplementario, pero este pequeño juego mental es accesible a todos.
Se trata de imaginarte inmerso en una soldadesca, pletórico de espíritu de cuerpo y camaradería, rabioso perdido contra un enemigo al que has aprendido a odiar más que a las hemorroides y en un estado mental inimaginable, colocado de adrenalina hasta las orejas.
Encima y para colmo, tienes todas las bendiciones para matar y el rebaño humano entero que te rodea no para de hacerlo. Matan los camaradas que parecían poquita cosa, los jefes, ese que parecía gay, los sacerdotes, tu compañero de catre... Y entonces lo haces, movido por el embrujo colectivo y vas y ensartas al primero y, una vez hecho, los siguientes son más fáciles, claro, siempre es así...
El juego que menciono arriba se practicaba en un inmenso tablero de casquería y vísceras, llamado Occidente medieval, un campo de juegos que se replicó, por cierto, en todas las épocas y continentes, dada la ineludible condición humana.
Y se trataba -y se trata- de alegar todo tipo de excusas, tales como defensa de la fe, mantenimiento de los derechos dinásticos, protección de las fronteras, etc, para mantener a ultranza la línea principal, el objetivo de la partida.Porque lo más importante era dejar muy, pero que muy claro, quien mandaba y lo que pasaba por cuestionarlo. Generalmente, lo demostraban los reyes, que eran el primer primate, el babuino jefe, el lobo fuerte de la manada.
Para nada estorbaban las convenciones de la contienda caballeresca. Si acaso, para respetarse entre caballeros de ambos bandos y hacer hamburguesas con la infantería rasa y con el pueblo llano. Pero frecuentemente ni los caballeros se libraban.
El dar ejemplo era toda una ciencia que después han seguido practicando los clanes mafiosos. Y el mejor ejemplo se daba con los cuerpos humanos. A mayores salvajadas se les hacían, mas impacto y temor provocaban en el paisanaje a someter. Cuando -gracias a dios- no sabes de esto mas que lo que lees y oyes, desde luego que eres afortunado. En este libro y en otros como el de Joanna Burke, Sed de sangre, que por si mismo merecería otra entrada, ves a las personas normales de otra manera.
Ves lo que muchos -quizá y por desgracia- haríamos bajo grandes presiones. Un piloto británico de la segunda guerra mundial relató que, cuando después de un combate aereo vió la destrucción que sembraron sus bombas en Dresde "...sentía un orgasmo intenso y una increíble laxitud física, como después de hacer el sexo con una mujer grande y fuerte..."
Ey, no, no intentemos demonizarlo; antes de eso parecía ser un fulano de lo más convencional...
En fin, que si al realizar el experimento mental que proponía eres tan cafre que llegas hasta la frase entrecomillada en rojo, por favor aléjate de la sociedad y únete a una narcobanda, a un accionariado bancario o a un partido político. Que digo, mejor esterilízate, si no es demasiado tarde ya, claro. Tus antecesores violaron y dejaron multitud de descendientes y así nos va, so pendejo.
Un saludo. Tranquilito y sin violencias.
martes, 2 de febrero de 2010
Asalto al tiempo libre.
A jubilarte mas tarde, oyess.Como las cuentas nacionales no cuadran, a solo dos años de que España fuera oficialmente un paraíso, vamos a tener que trabajar, como mínimo, dos añitos mas que nuestros papaítos y abuelos, no se si lo habréis oído por ahí.
Desde luego que es de lamentar para quienes ya les faltara poco, uno, dos, tres o cuatro inviernos. Mira que tiene narices, tan cerca de las mieles de la ociosidad bien ganada y retribuida y ale, a quedarte con las ganas...
Pero para los que aún teníamos la cosa lejana supone, no nos equivoquemos, una auténtica carga de profundidad. Primero que nada, obviemos el hecho de las responsabilidades políticas y corporativas en este actual estado de cosas. Las voy a obviar no por que no sean un hecho central, sino porque desde este pequeño rinconcito poco puedo hacer contra esos facinerosos y, encima, ellos tienen las espaldas bien cubiertas. A Emilio Botín, Tamames, Zp y Gallardón, la perspectiva poco les inquieta en lo personal.
Vayamos al grano pues, que el tiempo vuela ¿Terminará la cosa ahí? ¿No será esto el equivalente a la introducción inicial del zapato en la puerta y seguir retrasando ad infinitum? ¿Habrá límite a la capacidad de exprimirnos? ¿Llegarán a abolir la jubilación del todo? ¿Hay alguna pregunta trascendente más que se me olvide?
Los futuros avances que se prevén en investigaciones geriátricas buscarán optimizarnos en el futuro próximo, como a los coches con las ITVs. Para los ricos, capacidad sexual y de seducción; para los bolsillos modestos, desaparición de la excusa de los achaques para así no arrimar el hombro. Los niveles de control e intrusión en la jornada laboral ya alcanzan proporciones escandalosas, con empresas que obligan a aguantar la grabación íntegra en vídeo de la jornada diaria, que quien sabe las pasiones que despertará esa contemplación en algún directivo pervertido...
Todo esto ya es notable en nuestra generación y será mucho más marcado en las que vengan. Ya estaba bien de ver a los abueletes en los parques cuidando de los nietos, dado que su puesto realmente útil está ahí, en el tajo, en la cadena de produción, detrás de un ordenata alimentando al mismo sin parar y visitando a la clientela, que abrirá la puerta (si lo hace) con cara de lástima.
No está descartado que se retrase hasta los 70 la edad del descanso y que nos dejen menos tiempo libre que al semáforo de un cruce. Los futuros centros laborales podrían ofrecer un aumento de cabellos canosos en el paisaje humano; carraspeos y vasos con dentaduras postizas, pastilleros con el logo corporativo...
Y el tiempo, ese es el auténtico robo, el auténtico atraco. Que salvo el pijerío y las clases adineradas, nuestro tiempo pertenece, ahora y siempre, a otros, que son los que lo disponen ¿Acaso lo creíamos nuestro? Porque el trabajo y la actividad solo enriquecen cuando los elijes tu. Sino, te convierten en una mera terminal, en el extremo subordinado de una puta maquinaria.
Resulta muy bonito escuchar a un actor, a un empresario, etc, decir que el no quiere dejar de trabajar nunca. Pues vale, que lo pongan en una zanja picando piedra a ver. O que lo enclaustren en una oficina a dedicarle odas apasionadas al monitor y al teclado. O que pillen a un profe, harto ya de los "tiernos" adolescentes de hoy en día, y que le sometan a una terapia de intercambio de amores mutuos con la muchachada por una temporadita más.
Aclaro, poniendo velas a San Obvio, que un parado forzoso también debe trabajar todos los días buscando las habichuelas, la tarea más ingrata y desagradecida que existe. Y ya se da la paradoja de que los desempleados no encuentran nada nunca jamás y por contra los otros, los contratados, están sobresaturados y encima, les anuncian el alargamiento de su obligatoriedad productiva, quien sabe si para toda la eternidad.
Y además, está muy mal visto está el negarte a las horas y los ratitos extra; el que desconectes el móvil y volverte ilocalizable para tu santo patrono; el que pongas a trabas a la "movilidad", entrecomillada porque se supone que siempre es la tuya, claro.
Un saludo explotado y cabreado (se me pasará)
viernes, 29 de enero de 2010
La aceleración de Sherlock Holmes.
Sherlock Holmes. La peli. La de ahora.Veenga, como no vas a pasarlo bien con este film, viendo a este ubermenchs de la era victoriana, a esta especie de Neo de Matrix pero anclado -solo a veces- a los adoquines embarrados y sin poder librarse (eso jamás) de ese dichoso clima húmedo y grisáceo. No, no me refiero al S.H. literario clásico, aunque le guarda cierto parecido.
De todas maneras, para no faltar a la verdad y ahora que caigo, no he leído ninguna novela suya. Y como resulta que si no lo has hecho, es una auténtica desfachatez el hacer comparativas, vayamos a ello, tal y como dice un amiguete.
Porque -conjeturo yo- sería muy dificil alcanzar, tan solo leyendo, las altísimas velocidades de ejecución visual de los personajes del cine reciente. Me da que para un lector victoriano todavía sería más costoso, con esa rémora de narraciones de ritmo epistolar que llevarían en las mentes.
Este Sherlock sería demasiado para ellos, casi ni serían capaces de percibirlo, debido a la alta frecuencia con que se mueve al atizar mamporros, por poner un ejemplo.
Aquí nos han querido contar otra historia, otra cosa muy diferente a lo que se daba. Este tipo es un mutante, un replicante o algo parecido. No hay mas que verlo en compañía de los huma, digoo, de los otros personajes de la película y alucinar con la tensión extra, con el procesamiento en paralelo que hace del entorno, detalle que hay que agradecer al actor, por cierto.
Lo suyo es un puro trance al estilo zen, como el que haría no sé, alguien que fuera tan solo el apéndice biológico de un procesador Pentium i7 con mogollón de núcleos. En uno de los hilos de procesado lleva la conversación con Irene Adler y en el otro ya está preparando el disfraz de mendigo, el salto veloz por la ventana, la intercepción de la carroza donde va Irene y una rápida fotografía mental de la pistolita del interlocutor misterioso.
Estoy seguro que ni siquiera los guionistas estaban preparados para ello. Habían virtualizado este Londres neblinoso y atestado con casi todos los píxeles necesarios. Casi, jeje. Tenían listo a ese procesador humano con pipa de cazoleta preparado para soltarlo en la simulación. Pero el muy galgo, al estilo de los buenos virus informáticos, actúa más célere de lo esperado y se hace con el control total. Por eso tienen que poner añadidos explicativos a posteriori, seguro, para que las personas normalitas, más embotadas, pillemos algo de lo que ha pasado.
¿Sobreviviría esta era victoriana, ucrónica y ficticia, al S.H. mutante de esta historia? La verdad es que no sabemos la mella que podría haber hecho semejante robot de combate, capaz de calcular un enfrentamiento físico en fracciones de segundo y luego ejecutar el correspondiente programa rompehuesos como si fuera una máquina de hacer hamburguesas.
Menos mal que tiene a Watson, el técnico de mantenimiento así como su ancla con la realidad. El se encarga de conectar -con mucha dificultad- a este autista ultrahumano, tan cerca de los gamers y frikis también autistas del siglo XXI, con los sentimientos y emociones normalitas del XIX.
Bueno, un saludo tranquilito y sin aceleraciones
miércoles, 20 de enero de 2010
La Economía alienante.
Pregúntale al economista camuflado. Tim Harford.Segun la publicidad del editor, este último libro del economista Harford viene a dejar sentada la reputación adquirida por su autor. Este pertenecería a una "nueva raza de economistas" identificados con las preocupaciones de la gente. Y está claro que así es. Este autor lleva una columna de respuestas al lector, en un periódico británico, donde se ocupa de poner la racionalidad supuesta de la disciplina de Keynes y Galbraith al servicio de las preocupaciones cotidianas.
Y quien sabe si no será en esas cosas cotidianas donde hallen su nicho más apropiado los estudiosos de la llamada "ciencia" económica, con esa capacidad descriptiva tan maravillosa acerca de procesos que ya han ocurrido, je, je . Da gusto ver lo didácticos que se ponen algunos de estos popes al explicarnos como ha sobrevenido una crisis económica bestial (800.000 españoles al paro en 2009) por la sencilla razón de que no podía ser de otra manera.
¿Y porque no decían nada antes? Porque se queda genial explicando las cosas a posteriori, dado que así no hay posibilidad de equivocarse. Lo que no se entiende es como, en unas sociedades que buscan la máxima eficiencia, aún siguen manteniendo su puesto como catedráticos en las universidades, dado su nefasto papel como augures. De hecho, hoy en día, el arte de la supervivencia gremial consiste, en buena parte, en convencer de lo necesario que eres...
Quizá continúan alimentándose de la puchera porque, dependiendo de sus tendencias políticas, acostumbran a secundar a los gobiernos de turno, revistiendo de palabrería pomposa y pretendido aval científico lo que no son mas que empeños ideológicos y corporativos.
O porque algunas de sus matemáticas, aunque inútiles para los macrocolectivos, léase países, son eficaces para la gestión empresarial y por lo tanto resultan útiles para los diversos buitres y tiburones financieros que poseen las compañías.
Han tenido tal éxito promocionándose estos predictores -por otra parte calamitosos- que pensamos que tiene sentido preguntarles cositas tales como el reparto de las herencias a nuestros hijos y hasta -pasmémonos- las elecciones de pareja.
Estas son las estupideces que le preguntan a Tim Harford. Y como no, el las responde, revestido con la aureola de santón de la teoría de la elección racional. Porque siempre elegimos racionalmente aunque no lo sepamos. Si no lo sabemos, ellos se reafirman en definirnos principalmente como homo oeconomicus, ale, que tiene bemoles. Por lo visto, esta es una especie de homínido derivado del sapiens y que, cuando este cazaba y pintaba cuevas, el ya se dedicaba a contar con su ábaco y sus piedritas las ganancias acumuladas en su choza.
Lo malo es que, las disciplinas parasitarias de la ciencia, tales como la Economía, se han especializado en elaborar discursos autojustificativos, con una verborrea impactante, capaces de dar cuenta tanto de un acierto como de una cagada diagnóstica. ¿Acaso no es chocante que los economistas de salón - o de columna semanal, tanto da- como Harford dispongan de respuestas para todo? ¿No presentan una sospechosa cercanía con Elena Francis?.
Un saludo, pero sin calculadora.
martes, 12 de enero de 2010
Pais de nieves y aguas
Un saludo a todos los que han tenido problemas con la nieve en estos días. Un saludo, porque probablemente es lo único que vais a tener, además de las recomendaciones públicas y generales de que tengais cuidadín, de ponerte las cadenitas (ojoor, que si no hay nieve te cargas los neumáticos), de que consultéis las webs oficiales, que siempre suelen estar en clamoroso contraste con lo que te cuentan los paisanos de alguna zona.
Vivo en la ciudad de Valencia y estos días estoy yendo a la vecina provincia de Castellón. Cualquiera pensaría que la Comunidad Valenciana tiene una asociación natural con el sol y el agua, y es cierto, la tiene cuando le da la real gana tenerla. Esta semanita, el interior de la provincia de Castellón parecía alguna zona siberiana dejada de la mano de los zares. Parches de hielo matinales que hicieron que mi vehículo patinara como si fuera Mijail Barisnikoff, y gracias que la cosa se quedó en eso, paisajes que recordaban toscamente a la Laponia pero sin renos, en fin...
Y es que, en efecto, hablo de la llamada red secundaria. Esa que empezado el 2010 es incapaz de abastecer a un montón de ciudadanos no urbanitas de los más indispensable, símplemente porque no hay dios que se atreva a cruzarla en días como estos. Es como si descendiera un agujero negro de índole climática y convirtiera la España rural en un anexo del área 51, aislada por lo que los escandinavos llaman "mierda blanca". Y por supuesto, pido perdón por la expresión, lamentando no disponer de ella en el original, pero da a entender muy bien lo poco idílicas que pueden llegar a ser las nevadas.
Los informativos nos acostumbran a eso de la "sensación térmica", expresión que da a entender que el viento del copón aumenta el frío y las molestias, además del peligro de que un carámbano te perfore el colodrillo. Queda la recompensa visual innegable de los paisajes, apta para niños y estetas de ánimo positivo, generalmente esquiadores findesemaneros, pocas veces operarios de las quitanieves y otro tipo de plebeyos climáticos forzosos.
Tan omnipresente ha sido el clima que hasta en el blog ha nevado.Un saludete blanco.
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