martes, 9 de septiembre de 2008

La Burbuja de Gormenghast


Si todo universo literario es un mundo aparte, el creado por Mervyn Peake en los tres volúmenes Titus, Gormenghast y Titus Solo (1946-1956), una rara avis que pillé de saldo con cierta aprensión inicial, está aparte de todos los otros. Ya no por la extensión de lo escrito, puesto que otros títulos recientes y antiguos la igualan y hasta la superan, pero sí desde luego por la factura, por el estilo descriptivo impecable y tan visual y, por supuesto, más ya que por la finura, por la maestría psicológica a la hora de hablar de los personajes, a la hora de hacerlos deambular.

Pero esto tiene truco. El dominar la psicología descriptiva de las personas no implica en Peake pretensiones de verosimilitud objetiva o realista ( se trata de literatura, porfa) sino, más bien, una determinación implacable por caricaturizarlas, por desnudar e iluminar con intensidad feroz los abismos psíquicos y los móviles, por dejar a todos expuestos en carne viviente, sobre todo al elenco principal. Los demás, el abundante conjunto de secundarios, se acercan, frecuentemente, al esperpento, muy en sintonía con ese mamotreto de construcción gigantesca en la que viven y, además, para más inri, de vez en cuando hace aparición el toque surrealista, lo que a mí personalmente me incomodaba algunas veces.

Por eso mismo el relato y el lenguaje son tan morosos a veces, tan lánguidos, tan buscadamente arcaicos, con ese ritmo que de pronto se detiene para dedicarle, no sé, tres páginas enteras al rincón de un jardín, ale, diríase que pintando más que contando, matándote de desesperación al principio, lo reconozco, hasta que decides hacer como con la tónica, aprender a amarlo.
Lo compensa con creces el hecho de que cuando pasan cosas, porque pasan y muchas, suceden con una intensidad apabullante, con velocidad de infarto, con un estado de ánimo en el lector que ya se había venido preparando para el desencadenamiento de un hecho, no por anunciado menos sobrecogedor.

Y sobrecoge, sobre todo, porque sabes como afectarán a la estabilidad psíquica de alguien, porque ya sabes como es por dentro y lo que le puede pasar, porque el narrador te ha sumergido en el.

Pensaba que iba de sucesos de terror en una ambientación gótica en un medievo imaginario y lo de la ambientación es cierto, pero el elenco de personajes pertenece, más bien, al orden romántico y crepuscular, mas que al medieval, ya que esto último aparece con forma de vestigios, como un eco, perviviendo en esos rituales encorsetantes y patológicos que atenazan a sus protagonistas, en ese orden social tardofeudal, pero también en esa atemporalidad de índole onírica que se respira en todo el relato, algo apabullante en esa burbuja existencial que es Gormenghast. Hay escenas que parecen grabados en B/N, a la plumilla.

El universo geográfico que nos acoge es ficticio e indefinido así como la época pero el colosal castillo, una enorme isla de piedra con cientos de moradores hiperestratificados en clanes y niveles sociales, acaba teniendo una realidad aplastante, que hace que olvides toda otra posible.

Solamente con la conclusión de la historia, en la unidad temática que forman los dos primeros volúmenes, escapamos de allí, no sin haber sufrido dolor con algún personaje al que acabas queriendo absurdamente ( ay, Fucsia, Fucsia), pero con la advertencia admonitoria de que, más allá del castillo y su entorno, no existe nada: "Todos los caminos vuelven".

El tercer libro, Titus solo, supone una ruptura brusca en mi opinión, con un protagonista que sale de allí, no lo he podido leer por haberlo perdido (boba estoy) y ya tengo ganitas de volver a la Galaxia, amenazada según me han dicho por especies alienígenas peligrosas, en el universo del Opera, je, je.

Un saludín opresivo y medievalista, juaas, juas.

martes, 2 de septiembre de 2008

El caballero no tan oscuro.



Baatman, Baatman, chata ta ta chana ta ta chan, sin Robin claro, porque complica las cosas a los guionistas y para que su lado oscuro no sugiera un lado homoerótico, leches, que al final podrían terminar en un desfile en carroza por el barrio de Chueca. Es Batman, a pesar de todo, con la ayuda de su megaempresa y su criado tan chachi, ese del algodón no engaña...

Este verano la ví. Para toda ubicación vacacional en la que estés, existe un multicine cercano que te acoge y nutre. Además, la puedes ver en compañía de espectadores despistados, que de seguro esperaban un tebeo convencional y se encuentran con el espectáculo de una psicopatía desencadenada, la del Joker del actor Heather-extinto-Ledger. Este Joker no es como el muecas del Nicholson, no nos va a hacer reir con esa risa que se nos escapa, provocada por la payasada inesperadamente suave en el psicokiller horripilante.
Y bueno, loados sean los dioses, Batman tampoco es interpretado por el repelente comeyogures de la primera peli de la serie, que ni me acuerdo como se llama...

Le sobra a este Joker, inevitablemente, algo de histrionismo, quizá la marca indeleble que ha dejado Nicholson, pero lo compensa con el muestrario de una personalidad estragada y deshumanizada al máximo que, con la ayuda de un guión enteramente a su servicio (la de veces que le podrían haber liquidado y no lo hacen, joer...) le quita protagonismo, "oscuridad", a la condición humana del Batman/Bond. De todas formas, no entiendo ese exceso de autoescucha megalómana del personaje, pero en fin, Stanislawski sabrá...

Batman/Bond viste con elegancia máxima cuando enseña la jeta al cien por cien, que es cuando actúa de empresario resultón del copón. Tiene las máximas bendiciones como tal ya que, además de en beneficencias (una vela a Dios), también colabora bajo cuerda con el Gobierno (otra al diablo), lo cual en Yanquilandia es motivo de general aprobación, dado el patriotismo implícito en ello.

Aquí, no existen superpoderes y la ontología de este universo es "realista", ejem, realizándose las hazañas mediante artilugios tecnológicos con licencia cinéfila. Por ello, Batman/Bond tiene a su Mr. "Q", que en este caso es un secundario de lujo, el Morgan-Estoy de Paseo-Freeman, receptáculo de conocimientos y secretos y Guardián de las Llaves de los cacharritos. Pertenece, como no, al Club de Los que Están (Siempre) en el Ajo.
Al igual que Freman, el gran Michael Caine se pasea un rato con el plumero y desafía la brecha digital generacional, manejando con soltura de jovencito geek el despliegue de ordenatas de la choza del Bruce Wayne, que por momentos parece una tienda de informática.

A mí, como espectador, se me debió contagiar algo de la ceguera colectiva del universo de Gotham, esa que impide a todo fulano reconocer al prota, símplemente porque se tapa la mitad de la cara. De hecho, casi no le notas, el protagonismo es de otro. El payaso del Joker consigue meterte cierta inquietud continuada, y eso que lucha contra Batman, la poli y un guión que algunas veces bordea la sobredosis barroca y la inverosimilitud.

El ritmo es frenético, como concebido a base de beber Red Bull, y la película podría haber fallecido por sobregarga más de una vez si no fuera por ese policía, Gary Oldman, con una interpretación sobria que amarra la de los otros, lo que no quita que la historia se haga un tanto larga. Es durita a veces, cosa de la que se percataba el joven papi que estaba por allí y que salía, al final de la peli, conteniendo la inquietud generada en sus criaturitas, que quizá esperaban un Spiderman, no se...

Y por supuesto, no falta el sistema corrupto hasta las cachas pero siempre susceptible de salvación, mandamiento número uno de Hollywood. En fin, no pasas mal rato, aunque es posible que necesites un Almax, avisado vas.

Un abrazo enmascarado pero sin excesos, que hace calor todavía.

lunes, 28 de julio de 2008

Verano del copón

Hace ya un mes que para mí empezó el verano del copón, marchándome por los lugares de veraneo habituales, con el equipaje lleno de guerras zombies, Cisnes negros (ensayo ladrillil profundo y demás) Eiffeheim, Ian banks, caidas de dragón y lociones protectoras con poder, para un servidor que siempre ha sido más blancucho de piel que una pared de cal.

En el recuerdo, los compañeros que alguna vez han posteado por aquí, a los cuales contestaré en la medida en que me acerque a casita y a mi ordenata. Esta caló es espantosa, las neuronas se disgregan, y las eventuales entradas carecerán aún más de ese interés buscado por mí. Dejo a Knut peleando con los escritores sediciosos, je, je, a Instan lamentando el penco de cine ciencia ficcionero que nos echan y a Errantus reivindicando el papel de las flores.

Volveré, como Arnold el Governator, a molestaros un rato y a enmendar este maldito problema de periodicidad, o periodoncia, o como se llame, para meter entradas que, al menos, merezcan ese nombre. Tened en cuenta que el verano no nos hará más sabios, la calidad de todos mermará y nos iremos zumbando a parar al Big Crunch ese, al vórtice entrópico de la hostia. Pero en compañía todo es más llevadero ;))

jueves, 3 de julio de 2008

Irás y no Volverás.



Las reflexiones de algún amiguete blogero me han inspirado un poquito, que ya era hora de que la última entrada dejara de ser la del bichejo ese del video, hostil al palo que lo pincha y lo chincha.

Knut decía que, quizá, no estábamos solos del todo en los mundos imaginarios de las narraciones.

Sí que lo estuvimos. Claro que estábamos solos entonces, cuando las leíamos, sobre todo las primeras historias, las vividas en la era preinternáutica, cuando la resonancia de lo leido no alcanzaba la magnitud de la Web mundial y los foros de los afines. Cuando éramos tan jóvenes y nos impactaba tanto lo leido que lo guardábamos como un tesoro, sabedores de que nuestro entorno inmediato era refractario, cuando no claramente hostil, a esos universos tan peculiares de la literatura de género.

Hostil, a esas propuestas narrativas aptas, aparentemente, para segregar y marginar adolescentes, apartándoles de la competencia por el sexo y las ocupaciones de la supervivencia, ejem.


En aquellos momentos, visitábamos las arenas de Dune entrando a ese planeta, a ese mundo paralelo, por la entrada situada en nuestro cuarto privado, abriendo unas tapas de libro que activaban la telepresencia instantanea al lado de una Bene Gesserit macizona, una hembra alfa dominante que, además, manipulaba a su antojo la mitología de una élite del desierto para que aclamaran a su hijo, el prota.

Aquellos libros, salvo algunas picias editoriales pestíferas, eran unos poderosísimos generadores de imágenes y emociones, que empezaban y terminaban dentro de nosotros, por lo tanto parecía que todo era un asunto
privado. Pero ya no es así, se acabó la soledad. Porque en el mundo de la cultura, de la culturilla y de la cultureta, se da notablemente el fenómeno de la influencia retroactiva.

Esta influencia es parecida a la manera en que nuestra mente, según las investigaciones más recientes, reordena y modifica los recuerdos como si fueran plastilina, haciendo que vivencias recientes, valores adoptados en los últimos tiempos, así como reflexiones de "madurez", coloreen, transformen y a veces hasta borren recuerdos antiguos, de una manera dinámica y continua.

Nuestro yo presente, por tanto, es como uno de esos dictadores cronófagos que ocultan cosas e inventan otras. Eso sí, es como un niño de pecho al lado de nuestro yo del futuro, ese sí que nos va a dar para el pelo, je, je (y no se, ya parezco un candidato a la esquizofrenia por calor, pero en fin...)


Pasa algo parecido con la Historia, que no puede objetivarse al cien por cien (al menos por ahora), que tiene por fortuna o por desgracia que basarse siempre en alguna interpretación, no en vano casi siempre nos encontramos por ahí el último libro "desmitificador" acerca de algo.

Todavía pasa más en el terreno de la cultura, ya no tenemos manera de ver con ojos de principiante, de absolut beginner, ninguna creación pasada, ni siquiera lo que alguna vez leimos nosotros mismos.

Desde que tuvimos aquella última con aquel libro, en nuestro cuarto, cuando salimos del planeta Dune, emprendimos un viaje en el tiempo que se transformó en biografía personal y en reordenamiento continuo del mundo, en una continua recalificación, al estilo del litoral de Levante, je, je...Y como es propio de lo leido y compartido que ello se convierta en algo común, está claro no solo que ya no estamos aislados en aquellos mundos virtuales, sino que nunca lo estuvimos.


Si las concepciones de Platón, o quizá algunas de Popper sobre la autonomía del mundo de las creaciones mentales (su mundo nº 3) fueran acertadas, y si no lo son que mas da, se acabó la soledad, privilegiada pero también autista y circular, caray.

Nada de eso, por todos esos lares de las historias compartidas estaríamos acompañados por la gran masonería lectora, por los visitantes de ese mundo virtual, de esa linea temporal cerrada por un principio y un fin que es la narración que visitas.

El Tiempo podrá avanzar lo que le plazca y transformar el mundo percibido a cada momento, pero la dimensión del imaginario es ortogonal y acumulativa y en este caso acumula presencias. Esas presencias somos nosotros, los que estamos ahora ahora en un universo-libro y que habitamos junto a los que estuvieron antes. Y estamos con nuevas ideas directoras, nuevos conceptos ¿mejores o peores?

No se, propongo un criterio darwiniano (que original soy, jope) ; aquellos yoes nuestros junto a sus respectivos valores que mejor se desenvuelvan, serán positivamente seleccionados en la dimensión esa del NuncaJamás, cosa por cierto muy parecidilla al mundo de todos los días...

Saludines y un abrazo, sobre todo caluroso, ja, ja, ja, ja

martes, 10 de junio de 2008

Paréntesis alienígena

Hay que refrescar de tanto en tanto la mente y dejarse de ensayos sesudos y de cultura de calidad. Para ello, nada como abrir nuestras mentes a la posibilidad, maravillosamente magufa, de que los aliens ya estén por aquí y que, para colmo, se parezcan enormemente al bicharraco que precísamente protagonizó la peli homónima, Alien, el octavo pasajero, de gratos recuerdos. Este video, sacado de una curiosa web que no sabes como tomarte, (bueno, como saberlo sí que lo sabes, je, je) está destinado, sin duda, a conmocionar al mundo, con esta criatura encontrada en Rostov, Rusia:




Se rumorea que los restaurantes locales ya están debatiendo si estaría mejor fritito con ajillos, a la plancha o en pepitoria.

Tampoco está mal una dosis de sana conspiranoia, que caray, que la gentuza que nos manda siempre anda tramando algo. Para muestra, un botón, leído originalmente en Kriptópolis, acerca de la relación de asistentes a la reunión anual del grupo Bilderberg, en Virginia, con Cebrian y la Reina Sofía, nada menos, en la supuesta relación de asistentes que, según el tipo de investigador parodiado en El péndulo de Foucault, rigen nuestros destinos con planificación determinista.

Van llegando los calores de la canícula, me voy transformando en un eremita rural y el ladrillo que pensaba colgar se me resiste, pero ya caerá, ya...

miércoles, 28 de mayo de 2008

Los Heroes inconscientes. Max Frei y Castaneda


Y para romper el silencio, os hablo de Los Reclutas de la Eternidad, Forastero, las dos narraciones que ha publicado el tándem ruso Max Frei, que sin ser nada que te haga estremecer sí que me han hecho pasar ratos sumamente amenos.

Me daban gustirrinín la agilidad, comicidad y desenfado de los diálogos, que despiertan ecos de las antiguas comedias de Hollywood con Cary Grant y demás. De hecho, las recuerdan hasta el punto de que los personajes mantienen unos idilios hechos de sexualidad sublimada, para que la historia pueda centrarse en los prodigios mágicos y vivencias del personaje.

Es una pena que Minotauro haya decidido no continuar con la serie, de un muy buen nivel...medio, je, je, con una inventiva fantasiosa de los más apreciable.

Es fácil averiguar las razones del gancho de la narración. Un tipo que vive en nuestro "plano" de realidad, por llamarlo de alguna manera, con una vida cotidiana inevitablemente gris, como la mayoría de la población, resulta que tiene unos sueños llenos de personajes sumamente reales, donde vive situaciones más vívidas y coloridas que en su propia vida, al punto que en uno de los sueños decide "pasarse" al otro lado, gracias a los servicios de una especie de mago/mentor/gurú que además es un importante baranda del plano de al lado.

En dicho Universo hará de detective, atrapando nada menos que a poderosos brujos. Y bien que lo hace, pero lo más chocante es que lo hace al estilo inconsciente de Castaneda, que realiza prodigios ontológicos sin tener ni pajolera idea de como lo ha hecho. Al igual que Castaneda, recibe tremendas reprimendas de su mentor en el sentido de que tiene "algo" que debería respetar más, otorgándole los adecuados créditos.

Hablando de este último, con todas las barbaridades e inconsecuencias de tipo antropológico del Castaneda, que las tiene a mansalva, reconozco que mi lado fantasioso se sentía cautivado por los extraños mundos y las ontologías atormentadas y retorcidas que inventaba, poblando México de criaturas fantásticas, naguales, barrancos con poder, je, je.

Con pretensiones bastante mayores que las de Frei, que solo presenta honestas novelas de Fantasía explícita, creo que plantó el arquetipo para este tipo de héroes. Son los Héroes inconscientes, las terminales con patitas de entidades poderosas, los que no tienen que pensar siquiera como vencer porque en realidad, como son algo mucho mayor de lo que se ve, resuelven por el mero hecho de ser, de existir, son la apoteosis del veni, vidi, vici y plantean un universo de moral aristocrática, o naces de los "elegidos" por Lo Que Sea Que Existe y Corta El Bacalao o aceptas sus manifestaciones con adecuada veneración nietzcheana por la Fuerza, que no puede sino mandar...ay , mami.

Funcionan como icebergs, cuya parte oculta es la que se encarga de romper las quillas de los barcos. Sus mentores, tan enteradillos ellos, tratan de poner el pensamiento racional a la altura del betún, como la hoja del perejil, como chupa de Dómine. En estas narraciones, atractivas eso sí, cualquier atisbo de la racionalidad ilustrada que sirve al Yo para comprender y decidir es considerado culpable en nombre, como no, de otro discurso, de una metafísica exótica y con frecuencia barroca, una metafísica de la ausencia de ese Yo, esa conocida manifestación de un proceso evolutivo ciego.

Desde luego que nadie duda hoy en día, y yo menos que nadie, del procesamiento en paralelo que hace nuestra mente de las informaciones, ni de la existencia de instinto atávicos plasmados en los genes, ni de patrones abstractos que emergen de la realidad y que la determinan notablemente, tampoco de que la racionalidad va mudando sus premisas con el paso del tiempo, pero las propuestas de los irracionalistas, narradores atractivos algunos de ellos, van más allá.

En efecto, el Yo sería un mero apéndice de las estructuras, sean del nivel que sean, con la advertencia de que como las tales sean de tipo idiomático serán todopoderosas y determinadoras de la realidad, tan cercano ello a los conjuros de poder y al estructuralismo linguístico, fíjate tú.

De ahí a la disolución del Yo , casi no hay más que un paso, que ya daba Jung, partidario del Ello, frente a Freud que lo era del ego, camino que siguió Lacan con sus excesos y, por supuesto los franchutes deconstructivistas y demás. No me cabe duda de que del abono de esos campos surge, más tarde, toda esa literatura llena de protas-medium, alguna de ella bastante amena...

Un abracete irracional y teleguiado a todo quisque.

lunes, 12 de mayo de 2008

Virtualis fraternitatis

Acabo de caer en la cuenta, hacía una burrada de tiempo que no escribía por aquí, aunque a veces sí que procuro participar en los blogs de algunos entrañables compis. Así pues, esta entrada ya comienza inspirada, ahora que caigo en la cuenta, por la necesidad de narrar algunas sensaciones cotidianas , exigencia que se impone a ese ente lector que tenemos como segunda personalidad el cual, ultimamente y al menos en mi caso, no encuentra su sitio en los días de agitación y problemas personales que estoy viviendo.

Se supone que, siendo devoradores culturales, nuestras aportaciones a la blogosfera debieran versar sobre el libro Tal, la película Cual, etc, vamos, un articulillo que, o bien ensalza y anima a su consumo, o bien lo pone por los suelos, todo por el Santo Desahogo del degustador literario.

Pero sucede que en los últimos tiempos no he leido nada que supere un mínimo listón, que provoque un cierto estremecimiento de mi alma o lo que sea que tenga por ahí. Mira que es mala suerte, con la Pila de pendientes desbocada y salvaje que tengo y no haber pillado nada que valga la pena, a ver si agarro por ahí algún ladrillo para darme en los dientes, coñe.

Por lo tanto, y al no poder ofrecer un comentario pretendidamente erudito, no tengo más remedio que aprovechar la oportunity para lamentar el hecho de nuestra separación física, ay, Carmela, el vacío espacial y físico que nos separa, más lamentable cuanta mayor es la afinidad constatable y existente entre nuestras respectivas inquietudes culturales y demás.

No, no estoy diciendo que pensemos lo mismo en todo ni mucho menos; ni que todos sepamos lo mismo sobre las mismas materias, ni que todas nuestras mutuas recomendaciones literarias y demás vayan a dar en la diana. Pero, ¿acaso me importa a mí, a estas alturas de la época post Cyberdark/Sedice, que el producto cultural X, recomendado con pasión por el/la blogoamig@ tal, haya salido rana? ¿Acaso no proyecta un matiz de diferenciación de lo más interesante, que nos habla de una sensibilidad cercana pero también muy diferente? ¿No nos acercan a veces más las diferencias que las coincidencias?

Pero nuestra impronta, la mía, las vuestras, solo se reflejan en pantallas llenas de grafos, en nics, porque no hay guapo que se salte el kilometraje que nos separa, ni que solucione esa Superconversación pendiente cara a cara que nos espera en el Gran Día de nuestra Kedada, je, je,

Menos mal que tenemos esto, que puede uno tener la suerte de leer a Knut, Instan, Errantus, Legna, Noala, Iarsang...son todos ellos el alma que le falta a esta pantalla de los cojones (sorry)...... El placer de leerlos compensa el vacío de la Internet y el hecho de no poderles dar un abrazo y verles la expresión, la mirada de los ojitos.

Sobre todo en este año duro y puñetero que llevo, en el que a veces pasan dos semanas sin ver a mi querida mujercita y la puta crisis económica de las hipotecas nos está arañando, provocándome un stress y un insomnio que no veas, a mí, que solía dormir como un tronco y ahora me veo convertido en una entidad hiperalerta y vigilante, que mira que habrá mucho que vigilar cuando estás en la cama, ja, ja. En fin, lamento este último desahogo pero la realidad a veces pega unas patadas y unas coces que no veas...

Un abrazo coceado a todos (de momento es lo que hay, ya mejorará.)