Si dijera que estas fiestas son la apoteosis del consumismo y de las compras sería un lugar común. Para no caer en el lugar común voy a hacerlo en mi propio lugar particular: son la apoteosis de mi consumismo y de mis compras. La estimulación financiera combinada, producida por las pagas navideñas de mi mujer y la mía, nos ha conducido al frenesí y al desenfreno. Por fin caen la pantalla plana grande y el portátil, el sistema comercial nos la ha colado y me siento bien, supongo que debido al cese de la presión de las dopaminas, eso que dicen que ocurre cuando por fin cedes al impulso.
Hay un universo paralelo en donde mi mujer y yo nos contenemos y nos ahorramos el dinero (además de no tener que separarnos entre semana porque actualmente trabaja en pueblos pequeñitos, a ver cuando aprueba las opos, ais)
En ese sitio, cuando llega el verano disponemos de más euros para el viajecito al extranjero que nos mola. Pero como en esta realidad no ha sido así, el viaje se realizará pero pasando ciertos apretones en la vuelta de Septiembre. Es una profecía destinada a cumplirse, ya que pertenecemos al vasto club de personas que matarían antes de dejar de consumir todo lo que se pueda, asco de compulsión, leches.
Está por ver el nivel de felicidad que nos aportarán las compras antes mencionadas. El portátil, siempre que logre solucionar los problemas de conexión producidos por mis itinerancias ocasionales, no aumentará la calidad de estas entradas ni me volverá más sagaz en la búsqueda de información. Me restará tiempo de lectura libresca concentrada (si encima le quiero meter un Linux ni te cuento) y me volverá más adicto a la lectura nerviosa internetera, a golpe de titulares y pletórica de estímulos dispersantes. Pero me sentiré conectado, aunque sea una mentira grandísima, con la Inmensa Red de Gente que Cuenta Cosas.
La pantalla plana, por su parte, agrandará todavía más las gilipolleces televisivas, aunque lo compensará por la calidad con que degustaré las pelis. Me proporcionará sensaciones escapistas superiores a las de antes. Porque uno quiere estar siempre en todas partes menos aquí, claro.
Si hago balance, de tener a no tener prefiero obviamente tener aunque, la verdad, no se qué es lo que acaba teniendo a quien.
Feliz 2009 a nuestros cacharritos, porque ellos se lo merecen todo, je, je.
Y también a todos vosotros, compis, faltaría más.
No verás un solo colmillo, tampoco llegas a ver un solo bocado al pescuezo y la familia vampira parece una asamblea de progres con dinero. " ¿Que te esperabas en mi casa? ¿Mazmorras? ¿Ataudes?" . Así le contesta el prota vampirín a la niña fascinada cuando la lleva a su chaletón posmoderno. Y la fascinación es imposible de evitar, claro, con todo eso de la atracción por lo prohibido y por el chico malo y tal y cual. ¿Malo? Je, je, este tipo no ha sido malo en su vida y los berrinches que pilla, más que los de un angel caído, parecen los de un niñato consentido.
Luego viene ella, claro. La ninfa atraída por los abismos es una adolescente sensibilita, que habla siempre por lo bajini, que ya es adulta antes de echar el primer polvo y que encima la doblan con una voz de las de siempre. Aaay, sí, es esa voz, la reconoceréis, apta para campañas de igualdad femenina y discriminaciones positivas. Tan sensata, tan asexuada y formalita como un vestido de primera comunión. Por tanto, no toda la culpa es de la interpretación de la actriz.
Es la hija de un poli que parece haber seguido un cursillo de comunicación asertiva, esa pijada de comunicar tus opiniones pero tranquilito y sin insultar. Así le ha salido la chica, afectadita de pose.
E inevitable y forzosamente, tanta contención interpretativa y sensibilidad forzada no pueden sino producir un dúo protagonista que de maldito tiene lo que el pastel de manzana . Además, con cuatro duros se consigue demostrar que es posible coquetear con el abismo vampírico y encima plantear las dudas en un foro o consultorio de Elena Francis. Ya me diréis, con ese no-muerto de pelo engominado que huye vade retro cuando la púber le abre las piernas. ¿Que mensaje nos quieren colar? ¿El de prevenir las ETs o el de la castidad que vuelve?. "Querida, Elena, mi novio es vampiro pero le teme al mete y saca, porque será?"...
Y lo de los cuatro duros que decía por ahí arriba es por la verguenza ajena que pasas cuando al niño vamp le da por subir por los árboles, juas, juas, es como una versión de matrix pero realizada con mi cámara digital baratita. Lo peor es que la historia se deja aposta inconclusa para que continue, es una serie y mi falta de instinto para elegir pelis empieza a acojonarme...
Un saludo sin colmillos ni na de na.
Por Tierra, Mar y Aire. Robert Kaplan.
Marchando una de despliegues, contrainsurgencias y encierros embedded en submarinos y avioncitos. De la mano de un cronista patriota y con exuberante capacidad viajera y atravesando las conspiraciones geopolíticas de todo el mundo, siempre desde el punto de vista de quienes meriendan en todas ellas.
Pero a ver, alto: ¿Que diablos me importan a mí las andanzas de marines yanquis, pilotos y demás ralea vestida de romano moderno? No sé, si uno se lo pasa bien leyendo a YoMeLoGuisoYoMeLoCoMo Heinlein, Scalzi, Reynolds, Hamilton y otros, como no sentir curiosidad por conocer la fuente original, a la madre de todas esas historias que es quien les presta el carácter y los modos: el ejército americano, los gringos del copón. Además, que me pone lo geopolítico un poquillo.
Filtrando y obviando las justificaciones de Robert Kaplan acerca de las bondades del despliegue militar imperial, la verdad es que nos queda un relato de viajes de lo más entretenido y ameno, todo hay que decirlo.
Se mete dentro de un submarino nuclear y atraviesa el Pacífico. Aprendemos que los tripulantes del cacharro son una especie de geeks con tatuajes, pitagorines destacados con un pensamiento espacial en 3d que no veas, capaces de retener en mente posiciones, vectores y estrategias y que se apiñan en espacios reducidos durante semanas, rodeados de lucecitas y pantallas. Se las ven y se las desean para el marcaje de la Armada China, cada vez más numerosa y desvergonzada. En la Guerra Fría, eso sí, se metían en el patio trasero marino de la URSS como Pedro por su casa.
Los pilotos de la Navy son todo lo contrario, machos alfa que no paran de dar por saco a todo quisqui en el portaaviones hasta que por fin despegan y reina la paz. En las Fuerzas Especiales (tierra) reina la camaradería más democrática e informal, propia de grupos pequeños que se infiltran tras las líneas. Son los equivalentes a los Landa y Paco Martinez Soria, originarios de la América rural y casposa y provenientes de la endogamia familiar militar de la clase media.
Luego están los tipos finolis que manejan los B2, los avioncitos invisibles. Solamente hay veinte y son el arma más poderosa del imperio para intimidar a chinos, rusos, coreanos y estados canallas diversos. Pueden entrar y machacar casi impunemente lo que deseen y por el momento no tienen rival, salvo el precio, el que vuelan muy lento y que las cabinas apestan a metal, cabiendo dos pilotos con el culo bien apretado.
En Las Vegas, en casita, tienen unos búnkeres para jugar al War Games pero con daños colaterales y todo. Allí se maneja, a través de imágenes vía satélite en tiempo real, a los Predator, avioncitos sin humano a bordo, capaces de pasarse las horas vigilando una casa desde las alturas, tanto de noche como de día, para freír a quien salga de ella si es preciso. Vienen a paliar la falta de inteligencia humana sobre el terreno, hay que joderse, que es que el árabe no lo habla ni dios entre los hijos de Alabama y así les va. Les va mal, porque vigilar todo un país como Irak desde arriba no te dice nada acerca de las intenciones de quienes deambulan por debajo.
Es un libro fascistón y militarista pero con verguenza de serlo, con matices propios del sentido común de los hombres de acción, desconcertados por ese islamismo internetero capaz de esconderse y desaparecer. Recuerda a lo que ya hemos leído en otros lugares sobre la decadencia de los imperios, cuando estos no pueden pagarse el coste de la hegemonía.
El propio autor lo reconoce a la vista de la pujanza de los países asiáticos y de la imposibilidad de rivalizar en un futuro con las armadas india y china, cada vez con más presupuesto. Porque si solo fuera eso, pero ay, que también están la guerra mundial contra el terrorismo, la carísima presencia militar en Corea, en fin, que a mediados del XXI la espichan y se convertirán en uno más.
Un abrazo desde la sala de control.

Storytelling. La máquina de contar historias y formatear mentes.
Este palabro tremendo -que significa literalmente " contar historias"-, da título a un ensayo interesante pero menos. Pero menos porque a veces cae en el mismo vicio que critica, intentar aparentar más sustancia de la que hay.
Habla sobre el desarrollo último de la propaganda -primero en los USA y después en su posterior exportación al resto del mundo- , y de como por aquellos pagos han pensado que si la realidad no coopera peor para ella. El poder de la publicidad lo invade todo y se trata de promocionar los productos y servicios a base de contar historias y narraciones ideológicamente cargadas que, de puertas para afuera transformen a los consumidores en audiencia y que, dentro ya de las organizaciones, actúen de guía doctrinaria.
Si hasta mitad de los noventa las empresas se refugiaban en el logo y la imagen de marca, a partir de esas fechas es preciso ir vendiendo las cosas mediante relatos urdidos por psicólogos, sociólogos, etc, siguiendo a Barthes y a Foucault, así como a otros posmodernos que definen a la persona como nada más que un texto y a la realidad como mera narración, susceptible de alterarse mediante recursos de esta índole.
La narraciones pues, empleadas por gobiernos y empresas para marear la perdiz, se confeccionan primeramente a base de recoger toda la rumorología existente alrededor de las entidades, de las percepciones internas y externas, para conseguir el sabor a algo real.
Pero a partir de aquí es cuando se le ponen las velas al Poderoso Dios Relato. Se selecciona del trabajo de campo tan solo una muestra sesgada y, más tarde, se confecciona un relato justificador del cambio perceptivo que se pretende imponer.
En algunas ramas de la psicología se estudian los esquemas universales de narración más arquetípicos, los que hacen click en las mentes : "la historia de un mercado donde todo se vende menos el honor", la fábula de "los ositos buenos transformados en guerreros", la parábola de "la orquesta de jazz donde todo debe renovarse continuamente", la que cuenta "lo que ha pasado pero de otra manera", el chiste marsellés (sic) "donde cada participante intenta contar algo más extraordinario que el anterior"...
La lista y ejemplos que pone el libro serían muy largos, algunos curiosísimos. Son parte del arsenal de los Spin Doctors, expertos en dar el vuelco a las opiniones colectivas. Y de los asesores presidenciales, como uno del presidente Bush que dice: "Somos un Imperio y creamos nuestra Realidad y a ustedes, todos ustedes, solo les queda estudiar bien rapidito lo que creamos antes de que volvamos a cambiarlo de nuevo..."
Sí, casi suena al Philip Dick más paranoide, al visionario que escribió La penúltima verdad, pej, donde ya anticipaba estos tejemanejes, como los de recurrir a Hollywood para presentar las noticias sobre la Guerra de Irak, por parte de la Fox y otras cadenas progubernamentales.
Hasta alguien de la extrema derecha local, de la clasicona, se preguntaba : "¿Como ha llegado a convertirse el realismo en una filosofía casi disidente entre las élites norteamericanas?" . Hay intelectuales que ya reaccionan difundiendo la idea del reality-based, para intentar contrarrestar, pej, nada más y nada menos que el descalabro de empresas masivo producido por la palabrería y el maquillaje de resultados, con la imposibilidad intelectual añadida de analizarlos.
Lástima que el libro esté lastrado por un exceso de palabrería, pero que se le va a hacer si lo escribe un franchute, je, je.
En fin, que leáis buenas historias y un saludete cariñoso.
La que tengo de volúmenes por leer, que es que no da uno abasto. En algún momento habrá que poner coto a esta manía de seguir lo que paren las mentes de otros.
Estoy por optar por la autosuficiencia, por conocer únicamente lo que yo pienso y conformarme con lo ya leido. A fin de cuentas, con eso y con las vivencias diarias hay millones de personas en esta Tierra (en otras no se sabe) que pasan líndamente toda su vida, como señalaba Errantus en su blog.
Todos nos relacionámos cada día con ágrafos funcionales que, no obstante, poseen una notable destreza en las artes de la supervivencia diaria.
Mi jefe, pej, seguramente pensará que Houellebeck, Heidegger y Hume, pertenecerán al grupo musical Triple H.
¿Y que? ¿Acaso esto le resta capacidad sádica y directriz? No le hace falta para nada la cultura. Ni a el ni al resto de los que mangonean financieramente el mundo.
Luego, más tarde, resulta que los que leemos somos como niños en una notaría o a la hora de firmar un contrato, ahí, en la selva esa de la parte contratante de la primera parte.
Nada, seguiré con mis adorados libros, un saludín, cuando tenga algo con más sustancia se lo contaré al que tenga paciencia.
Será un cambio, claro que lo será, pero no seamos tan ingenuos, que ya somos mayorcitos. Ser presi de los USA no es como una novela de CF que leí, El cetro del Azar, donde el personaje, Ingmar Langdon, era elegido el Estocastócrata, el mandamás del mundo, así por el morro, mediante un sistema estocástico, osease por sorteo.
En esa sociedad futura, encantadoramente añeja, con el poder conseguido podía hacer lo que quisiera, lo que le viniera en gana. Luego había intrigas, conjuras y demás, pero esa era la esencia.
En yanquilandia no, claro. Ya ha tenido el Barack sus primeras reuniones con gente de la Inteligencia militar, expresión que según Groucho Marx era una contraditio in terminis, por decirlo de forma piadosa. Le han puesto las peras a cuarto: en Guantánamo hay gente mala, pero mala de verdad y su liberación es una vana promesa para tontos buenistas.
Si se van de Irak habrá que hacerlo a cambio de machacar Afganistán. Y eso solo es el principio.
Pero hay algo que permanecerá por siempre: esa expresión y sentimiento de éxtasis en los votantes, cuando ven a una pareja presidencial tan resultona, producto de un márketing casi perfecto. Es un triunfo de la mercadotecnia, de la cultura de la imagen, del perfeccionamiento de los envoltorios. A ver que pasa.
El Rey Rata. China Mieville.
Mira que dan asco estos animalitos (usease, las ratas) pero Mieville consigue que, por momentos, los veas de otra manera, que deambules por las cloacas apestosas como si estuvieras por un pub. Te hace adoptar su perspectiva y, mientras dura esta, consigue que te sientas más tranquilo refugiado en las alcantarillas que por la superficie de la urbe.
Todavía no la he acabado, y lamento esta costumbrita que he adquirido de empezar a comentar sin finalizar, pero entretiene que no veas. Tiene descripciones sabrosísimas, a ratos le parece al mejor King, metiéndote inquietud en el cuerpo y el ritmo nunca baja. Los diálogos divertidos y vivaces y la ambientación, por otro lado, ya prefigura la que sería, posteriormente, su mayor creación urbana: Nueva Crobuzon, el principal "personaje" que ha creado este amante de construcciones, túneles y vías de tren.
Las ama porque piensa que están ahí para significar algo, independiente muchas veces de tramas e historias.
Es El Rey Rata una de sus primeras novelas y, quizá por ello, se nota que le podía haber sacado bastante más jugo al tema, que se deja la naranja a medio exprimir. Igualmente peca de una cierta indefinición respecto a alguna figura central, sencíllamente la deja aparecer y ya está. Por un lado bien, pero por el otro la otorga una cierta inconsistencia.
De todas maneras, las páginas se pasan con agrado, ya me he llevado alguna sorpresita argumental y, si mantiene el tipo hasta que la acabe, me dejará buen recuerdo.
No obstante, es esa ciudad tremenda, Nueva Crobuzon, la que parió basándose en la mezcla de este Londres orgánicamente vivo con otras ciudades de por ahí, de la que te queda un recuerdo imborrable. Los nombrecitos de las calles ya se las traían , je, je, así como las especies que la habitaban. Es todo un tratado acerca de como una ciudad puede ser asquerosa, enorme y, no obstante, funcional y viva. Tener horrores albergados en sus entrañas y, a pesar de ello, vivir un día a día de lo más corriente y moliente.
Le ayudaban esas leyes de la realidad creadas expresamente para ese universo, con esa taumaturgia que las estudia de forma curiosamente racionalista. El narrador, aquí, participa de la convicción de esa cultura imaginaria, en el sentido de que lo escatológico y lo teratológico también son vida y sociedad, je, je, je...
A ver si cunde y esa exuberancia imaginativa no nos abandona nunca, a ver si nos traen lo último de el.
Saludines ratoniles.
PD: Habiéndola acabado, me deja a mí también con ganas de liarme a mordiscos por ahí y sacar a retozar el mamífero pendenciero que llevo reprimido. Y encima le mete ritmo discotequero...