jueves, 27 de septiembre de 2007

Imaginaciones desbocadas y elfos palpables.



No suele ser rara la confesión autorial de que, las historias y personajes, con frecuencia cobran vida propia dentro de sus seseras y, cada vez que bajan la guardia, empieza el agitar de grillos, las idas y venidas por el mundo fabulado, en busca desesperada del vocabulario destinado a mandar y fijar.

Y cuando no las palabras, son la estructura, el orden,el equilibrio, sentido de la proporción...

Lovecraft, en principio, se sintió atormentado por su imaginación.
Nada que objetar a ello por parte mía, que cada cual tenga a su lado los tormentos y tribulaciones que le quepan, solo que, cuando transcribía las historias que le sugerían esas "presencias", parecía que las tuviera al lado de su persona, tal era la parquedad psicológica y existencial con que dotaba a sus protagonistas, esos timoratos provistos de la curiosidad que mató al gato y de la misma integración social de un excluido.

El mundo imaginativo que nos legó, no obstante, ha coloreado buena parte de la literatura de terror e imaginación del siglo pasado y de este. El estilo sugerente y, la extravagancia de lo sugerido, nos transmiten el mismo estado de indefensión preverbal que cuando no encontramos palabras para un susto.
Como las palabritas no llegan, lo que las sustituye es la reacción física adrenalínica y la taquicardia del copón, vamos, la esencia del miedo.

Otras veces, y con otras plumas, no nos da miedo lo leído pero nos puede causar saturación. El kilométrico Tolkien, nos describe geografías, dinastías de elfos, canciones populares, recetas de cocina, historias pasadas, que prácticamente no vienen a cuento si las relacionamos con la acción. Es como llegar al hotel de un país exótico y que te regalen la indumentaria de las fiestas regionales.


Se quiere asegurar con ello, quizá, que ese mundo que a él le llena la vida, no va a desaparecer por una culpable y clamorosa falta de consistencia. El ingrediente ambiental, en esas ocasiones, usurpa ocasionalmente, como en un golpe de estado, el predominio de lo argumental.

Parece que ese mundo, que vive solo en la mente, quisiera asegurarse de que, además, también vivió en la historia, en alguna historia. Es como una especie de rebelión platonista de las ideas, que puede dar al traste con la paciencia y la concentración del lector.
No obstante, sí que hay otros lectores, que sí disfrutan con esas excursiones laterales y complementarias por ese universo virtual, con esa sobredosis de solidez, con esas justificaciones basadas en una historia fantasiosa y retroproyectada, muchas veces con alcance infinito. Para ellos es una afirmación de fe en el universo revelado, que viven y leen pacientemente, con la delectación masoquista de un sumiso para con el Ama.

Es de esta forma como, en las sagas, en las derivaciones laterales y personajes extras, se vuelve necesaria la dilatación infinita del pasado. Personajes que ya no daban más de sí, debido a la conclusión lineal de la acción, de pronto revelan un pasado largo y proceloso como una longaniza, por no hablar de la extensión infinita hacia atrás de la densidad histórica, de la cantidad de cosas que, de pronto, son susceptibles de haber ocurrido.

Para mi gusto, esto es un vicio y revela un déficit narrador, consistente en una incapacidad de crear presente, de generar acción aquí y ahora. No siempre es el caso de Tolkien, seamos justos; al menos en ESDLA se muestra capaz de pisar el acelerador del ritmo y de juntar hilos narrativos, aunque menuda poda de postalitas floridas habría que pegarle, buff...y eso por no hablar de trasfondos maniqueos, pero eso ya daría para otra entrada, je, je...

De todas formas, para quienes abren un libro ( o libraco), la solidez incrementada y voluntarista de Elfos, gnomos y entidades pavorosas, es una contrapartida vivencial a ese trance mental cotidiano, con el que se afronta este mundo de telediarios y madrugones, vecinos ruidosos y aparcamientos escasos así como páginas web con anuncios. Vivimos, muchos de nosotros, bastante tiempo prestado en universos ficticios y, probáblemente, seamos la única especie que lo hace. Larga vida, pues, a las musarañas.

Amén y que Tolkien no sea con vosotros (o sí, depende, je, je)

martes, 25 de septiembre de 2007

Los Espectros de la Tierra del Sueño.


Siempre será un misterio absoluto la vivencia que, de la realidad cotidiana, tenían todos los pueblos que fueron y ya no están. Los indios de las Montañas Rocosas, pej. tenían, según el linguista y antropólogo canadiense Franz Boas, una cosmovisión curiosamente parecida a la de los aborígenes australianos, con su concepto del "Tiempo del Sueño" donde se englobaba todo lo acontecido, hasta tal punto que el día de ayer ya pertenecería a esa dimensión mítica, poblada por dioses y espíritus.

Como hoy estaba con ganas de leyendas y narraciones rarillas, le he pegado una hojeada al material que recogió este señor (el Boas) entre los nativos de aquellos lares, de cuando moraban y cazaban perdidos por aquella naturaleza salvaje y tal.

Recoge una leyenda, breve pero sugestiva, que oyó contar a principios del siglo XX a los ancianos de esas tribus, cuando estas ya no eran las de antes y del sueño habían pasado a la pesadilla de las reservas.
Ilustra, además, el fenómeno de la entropía y deformación en la transmisión del material mítico a través del tiempo, planteando enigmas sobre el estado de conciencia, cercano a lo onírico, en el que fue concebida y tratada en su momento la leyenda original:

La guerra de los espectros. Versión arcaica.

Una noche, dos jóvenes de Egulac fueron al río a cazar focas, y mientras estaban allí les envolvió la niebla y el silencio. Luego oyeron gritos de guerra y pensaron: "Tal vez es una emboscada" . Huyeron hacia la orilla y se escondieron detrás de un tronco. Se acercaban canoas, y oyeron el ruido de los remos, y vieron que una canoa venía hacia ellos. En la canoa iban cinco hombres y les dijeron: "¿Que os parece? Queremos llevaros con nosotros. Vamos río arriba para hacer la guerra" Uno de los jóvenes dijo: "no tengo flechas". "En la canoa hay flechas" dijeron ellos. "Yo no iré. Podrían matarme. Mis parientes no saben a dónde he ido. Pero tú" dijo, volviéndose hacia el otro, "podrías ir con ellos".

Así que uno de los jóvenes fue, pero el otro volvió hacia casa.
Y los guerreros siguieron río arriba hasta llegar a un pueblo que estaba al otro lado de Kalama. Sus habitantes bajaron al agua, empezaron a luchar y muchos murieron. Pero el joven oyó decir a uno de los guerreros: "Rápido, vayamos a casa, han herido a este indio" . Y pensó: "¡Oh!, son espectros". Él no se sentía mal , pero ellos decían que le habían herido.

Así que las canoas volvieron a Egulac, y el joven desembarcó delante de su casa, y encendió una hoguera. Llamo a todo el mundo y dijo: "Mirad, he acompañado a los espectros, y fuimos a luchar. Muchos de los nuestros murieron, y muchos de los que nos atacaban murieron. Dijeron que me habían herido, pero yo no me encuentro mal."


Dijo todo esto y luego se quedó en silencio. Cuando salió el sol, el cayó. Le salía algo negro de la boca. Su rostro estaba contraído. Los del pueblo se levantaron de un salto y gritaron.
Estaba muerto.

El relato tiene un carácter fantástico y sobrenatural, con ese tempo, esas elipsis extrañas y transiciones instantáneas de escena que, como señalaron varias fuentes, la asemeja a un sueño.
Años más tarde, la generación posterior de esa tribu, receptora del relato, la elevó un tanto en el plano de la "vigilia":

Guerra de los espectros. Versión racionalizada.

Dos jóvenes estaban junto a un río dispuestos a cazar focas, cuando apareció una barca en la que iban cinco hombres. Todos iban armados para la guerra.

Al principio, los jóvenes se asustaron, pero los hombres les pidieron que les ayudaran a combatir a unos enemigos que había en la otra orilla. Un joven dijo que no podía ir porque sus familiares se inquietarían por el; el otro dijo que sí, y subió a la barca.


Por la noche volvió a su cabaña, y dijo a sus amigos que había estado en una batalla. Habían muerto muchos, y a el le habían herido con una flecha; dijo que no había sentido ningún dolor. Le dijeron que debía haber luchado en una batalla de espectros, entonces recordó que todo había sido muy extraño, y se alteró bastante.


Sin embargo, por la mañana se sintió mal, y sus amigos se reunieron en torno a él; el cayó, y se le puso la cara muy pálida. Entonces empezó a retorcerse y a chillar, y sus amigos se quedaron aterrados. Al final se quedó quieto, le salió algo duro y negro de la boca, hizo una contorsión y murió.

Esta versión posterior contiene una variedad de omisiones, elaboraciones y "racionalizaciones lógicas" . Véase, como normalizan la conclusión lógicamente desconcertante "¡Oh!, son espectros". En esta versión no solo se pierden detalles sino, tal vez lo que es mucho más importante, mucho del poder evocador y obsesionante de la original. De alguna manera, ya es menos parecida a un sueño.

Todavía años después, otros estudiosos lograrían contactar con uno de los nativos que había tomado parte en la transmisión de la segunda versión y, he aquí la mutilación que experimentó, debido a la traidora memoria, con el paso de los años:

Tercera versión, estragos del paso del tiempo, desaparición de la memoria étnica e individual.

Unos guerreros fueron a hacer la guerra con los espectros. Lucharon todo el día y uno de ellos fue herido. Por la noche volvieron a casa, llevando a su compañero herido. Cuando el día se acercaba a su fin, empeoró debido a las fiebres, y los habitantes del pueblo le rodearon. Al ponerse el sol, suspiró, le salió. algo negro de la boca. Y murió.

Aquí, ya ha desaparecido la magia y los espectros son domesticados. También resulta amputada la temporalidad mítica de toda una etnia y, de paso, el fluir onírico de las gestas de un guerrero antiguo que, al parecer, combatió nada menos que en una guerra de espectros, remontando un río con ellos.

Pudo conservar el recuerdo, saludar a los seres queridos y amigos y dejarles un tesoro imborrable para esas noches junto al fuego. Pero, como cuentan todos los mitos universales que en el mundo han sido, el precio a pagar, por visitar en carne y hueso el Tiempo del sueño y la Tierra de Oz, siempre es altísimo.

Que durmáis bien.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Lovecraft y el héroe paralizado.

Resulta que, para fastidiar, este es un Sábado lluvioso y chapoteante y, la bajada al garaje, sin luz por avería, con la humedad y el olor a cerrado me evocan, en pequeñito y en doméstico, las sensaciones innominables de las antesalas de los antros de Ctulhu y Yogsothot, empequeñecidas únicamente por las de ciertos sanitarios de discoteca. (Y mira que no está sobado ni nada lo del "innominable" ese)

Que le voy a hacer, no me gusta el estilo de HPL, pero fue una estación de paso; de esas más bien feas pero con el morbo de lo diferente y de lo extravagante. Ese HP. de Lovecraft, el Howard Phillips de Providence, es pieza de lectura curiosa, más que nada por su influencia antes que su talento real. O por lo menos, así es como lo percibo yo.

A lo mejor le gustaba Nietszche, (parece que lo leí por ahí) por aquello de la muerte de Dios y la renuncia al maniqueismo moral clásico. Los antiguos seres infernales, espíritus y diablillos, eran malos, es decir, se rebelaban en la noche contra el orden establecido y trataban de destruir y corromper el frágil andamiaje de las buenas relaciones humanas.
Por el contrario, las criaturas del terror lovecraftianas no son hostiles a nuestros ideales y aspiraciones, sino que sencillamente no los tienen en cuenta, del mismo modo que un agricultor ignora el nido de una alimaña al labrar su campo.

Estas criaturas de HPL, no obstante carecer de acción y esencia moral reconocible, reciben un culto "abominable" por parte de algunos humanos. Representan abrumadoras (y asquerosillas) fuerzas cósmicas que nada tienen que ver con nosotros éticamente hablando, están más allá del bien y del mal (¿un poquillo de materialismo nietscheano, quizá?)

Siempre se dice que a HPL le condicionó una infancia arropada por unas tías dominantes, vete a saber. Descubrir que el mundo estaba lleno de unos seres fuertes, poderosos (los adultos) debió resultarle más duro que a otros.


En ese sentido ( y abusando aposta del análisis psicologista, a ver con qué pretexto sacaba una entrada, sino) de esta sensación infantil de indefensión, podría venir el curioso y extraño desvalimiento de sus protagonistas. No es que sean sencíllamente antiheroes, no, lo que son es antiadultos. Nunca saben qué hacer: cuando tropiezan con el peligro lo que se les ocurre primero es el desmayo, enloquecer del todo o, en el mejor de los casos, huir desmañadamente, ale.

Jamás dan la impresión de controlar la situación; el único movimiento positivo que saben mostrar es la curiosidad. Por lo demás permanecen ociosos, nostálgicos, incapaces de,cualquier ambición o proyecto de futuro y asexuados (¿alguien les recuerda un simple flirt?).

Son, por tanto, la antítesis del héroe clásico adolescente. Son personajes que están deseando levantar el velo pero, cuando contemplan la escena horrenda y devastadora sucumben. Jústamente como un niño. En una de sus cartas, leí que escribió que "la vida adulta era un infierno". Quien sabe, algo de razón no le faltaba, ja, ja.

En fin, como es obvio y fácil de percibir, la lectura de estas impresiones sobre HPL no creará escuela ni revolucionará el análisis literario, así como tampoco supondrá efecto alguno más allá de los queridos amigos que lo lean. Nuestras meditaciones, por tanto, se perderán en el infinito de Internet, como lágrimas en la lluvia de un replicante cualquiera, ahogado en lugares comunes y oyendo Blade Runner.

Morituri te salutant.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Neandertales sin cafeina

Humanos. El paralaje neandertal. Nova.

No es de lo más reciente que ha sacado Nova y, probáblemente, cualquiera ya habrá leido más de una crítica negativa sobre este muermecillo bienintencionado de Sawyer.

En mi opinión, ilustra perfectamente los vicios de repetición y calco de clichés en los que se cae al producir ficciones, el Kitsch, la narración en serie y todo eso. Para colmo, el amigo Robert nos agredió con dos volúmenes más, aunque eso sí, a mí ya me pilló avisado. Qué maravillas me habré perdido en los que restan, es algo que nunca sabré...

El hombre se ha documentado con la paleoantropología necesaria para sacar el aprobadete y hacer ver que se "documenta". Aquí, se retrata a neandertales de una Tierra paralela que encuentran una entrada a través de un "tunel cuántico", así, tal y como suena y en baratito, siendo este uno de los primeros artefactos de quita y pon que se importan de la divulgación y fantacifi más corriente, igual que se usa otras veces lo de hipersalto y demás hierbas.

Nuestro amigo eslabón perdido, prota del "salto", parece representar una especie de alter ego ideológico de Sawyer, cientifista confeso de tendencia agnóstica, y de tal despensa saca la "perplejidad" del observador, que se extraña de que aquí creamos en dioses que no se pueden ver y demás. Uno mismo puede ser agnóstico, más bien por salir del paso, pero ante la exhibición de materialismo baratete del Saw.., perdón, del neandertal, dan ganas de ir de peregrinación a Lourdes con las Clarisas.

Y de que manera vemos venir el enamoramiento del prota y de la investigadora que lo va a conocer, aiih, presentado por parte del autor como algo irreverente (¡!), transgrediendo el tabú de la barrera entre especies y demás, pero eso sí, apto para el videoclub del barrio.

¿Y que se puede esperar de estas imaginaciones áridas y embrutecidas por el telefilm de mediodía? ¿Que se puede esperar cuando cruzan el umbral? Es decir, ¿como nos manejan la extrañeza de una supuesta cultura exótica, generada por una especie paralela, con un cerebro incluso algo mayor que el nuestro y con algunas diferencias sutiles? Pues bien, por lo que a extrañeza se refiere, la sociedad neandertal de Sawyer presenta la misma que podríamos encontrar en el Carrefour de las afueras. Hay barrios enteros en mi ciudad mil veces más raros ¿Habrá salido este autor siquiera del suyo?

Porque jolín, vaya desperdicio, el entero planeta a disposición de ellos y todo queda reducido a la descripción de un distrito suburbano de chalets, calcadito de los de Ohio y California; casas en bosques, un centro de la ciudad que evoca el cartón-piedra del Planeta de los Simios; una complejidad antropológica digna de un campamento Boy Scout: las chicas por un lado y los chicos por el otro...

Y la mayor aventura consistirá en que nuestro primo primate solucione un enredo judicial en su pueblo. El nudo de la novela se centra en el juicio, tan querido de la teatralidad escenográfica yanqui, y que permite al autor mostrar su capacidad para crear escenarios epatantes, je, je: planta a los personajes en una sala y los hace hablar y, ale, ya hemos consumido un poquito de cultura de la dialéctica. Después, como tocaba incluir la proporción correspondiente de sentimientos "auténticos", resolverá un malentendido emotivo con una hija.

Obvio es decir que, el resto de los personajes posee la profundidad que era de esperar, equivalente a la de una calcomanía, en fin...

Y el gran misterio: ¿Porque narices hace uno el primo y lo compra?

martes, 18 de septiembre de 2007

El Imperio sin letras nos contempla.


Henry Kamen, Imperio y decadencia.
La formación de España como potencia mundial,
Aguilar.

Ya hace tiempo que me llamó la atención un dato histórico sobre la escritura, leida en cierto libro y que me veo obligado a resaltarlo aquí, en el blog de este fulano servidor de todos vosotros.
El objetivo es poner de relieve la incomunicación entre culturas, mediante algo que aconteció en la exploración de Tierra 2, tal y como llamaba Marvin Harris a las civilizaciones americanas, aisladas por el oceano y por un revivir en paralelo de la Historia, que dió origen a notables similitudes pero también diferencias. Estas diferencias otorgan un carácter de extrañeza, seductor y un tanto alienígena a veces, a aquellas culturas.

Pero primero de todo y haciendo los deberes, la presentación de la fuente del saber de donde extraigo la curiosidad, El Imperio, de Henry Kamen.

Este libro pone en solfa el mérito de los españoles en la creación del Imperio más vasto que hubo en su momento, que dió historias para haber filmado y escrito miles de ficciones, a base de miserias y grandezas, ay,que lástima que por aquí no tengamos un Hollywood y, ya puestos, ni siquiera un Bollywood.

De perplejidades varias, de la extrañeza que le producía a Francis Bacon "...el de como España se las apañaba para gobernar un imperio tan vasto con tan pocos hombres..." se ocupa este trabajo, documentadísimo en datos pero sesgado en sus conclusiones según muchos críticos, que le reprochan una visión atomizante del protagonismo colectivo de aquellos días.
Según el, solo hubo un aglomerado de castellanos, aragoneses, catalanes, moriscos, amerindios, belgas, genoveses, etc, sin que se pudiera hablar de sentimiento de formar parte de un imperio o empresa global española.

Es algo parecido a contemplar una moneda y definirla solo por la cara o bien, solo por la cruz.

Una vez presentado el culpable, la fuente del dato, con las loas pero también con las prevenciones necesarias, veamos el pasmo con que los incas, un imperio sin alfabeto establecido con precisión, si exceptuamos los misteriosos quipus, esos manojos de nudos indescrifables, contemplaban la técnica de la escritura en papel, que permitió la expansión cultural del viejo mundo:

(Almagro ofreció a los indios una hoja escrita y los indios se dedican a especular con el Inca de que podría tratarse): "... Vista de este costado es un hervidero de hormigas. Vista desde el otro lado parecen las huellas que dejan las patas de los pájaros en la orilla lodosa del río. Vista así se parece a las tarukas puestas cabeza abajo y con las patas arriba. No, no me es posible señor, adivinarlo..."

Para ellos, el sonido modulado era lo que diferenciaba al hombre del animal, sin necesidad del garabato

La idea de la primacía de lo hablado sobre lo escrito también puede encontrarse entre los guaraníes, cuyos mitos hablan solo del sonido del lenguaje, allá por la creación del mundo.

La frontera idiomática se cruzó muy pocas veces y la alfabetización casi no prosperó durante al menos tres siglos. Y es que, más allá de la palabra escrita, el mundo real de los nativos de América consistía en los sonidos, colores y presencias vivas, que quedaban más allá de donde alcanzaba la percepción de los españoles, que no lo comprendían y lo rechazaban por pagano.

Las mentes ágrafas de Tierra 2 contemplaban con incomprensión, el aparente hecho de que aquellos papeles con "tiras de hormigas", contenían una información de tipo secuencial y lineal que les afectaba, que contenía una descripción del mundo y de los valores de los visitantes.

Que fueran pensadores ágrafos no quiere decir que con sus quipus no fueran capaces de llevar complejas contabilidades y disposiciones de datos. Eran como una especie de algoritmo, tridimensional y de nudos, del que a principios de siglo ya no quedaban intérpretes vivos. Quedan centenares de quipus sumidos en el misterio.

Si esto ocurrió en nuestro planeta, con otros seres humanos, que no podría ocurrir en el contacto con cualesquiera otras inteligencias que pudieran haber en este cosmos grandullón que habitamos. Sus métodos de comunicación se nos antojarían indescifrables y, al igual que un libro para los incas (o un quipu para un europeo) nos encontraríamos ante condensados informativos inabordables y herméticos.

Por cierto, no se si en el Cuzco precolonial se podrían dar fenémenos frikis como la "Pila", esa acumulación compulsiva de objetos culturales comprados por mera voracidad, je, je, je.

Nota sobre Imperio, de Kamen:

La mención de este libro se hace con fines meramente indicativos y de referencia y no por hacer una reseña consumista del copón.
En ningún modo se te está sugiriendo que perderías algo imprescindible si no lo leyeras. Es preciso hacer notar, además, que su compra podría suponer un sacrificio financiero inasumible, así como un aumento del volumen de la Pila acumulada de libros por leer.
Por lo tanto, comprarte este capazo de erudición o, conformarte con lo que ya sabes sobre el tema, es de tu incumbencia.

Semper fidelis.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Mi deuda con el Arco Iris...

EL ARCO IRIS DE GRAVEDAD. THOMAS PYNCHON. EDITORIAL TUSQUETS.


La gravedad fue la que posíblemente influyó en mí, haciéndome fracasar. Y es que este supervolumen se gasta la friolera de 1144 paginacas de pura exuberancia y desvarío y fracasé al intentar acabármelo, por poco pero tiré la toalla. Fue la gran novela caudalosa de mi verano del 2006, que me mantuvo agarrado a ella, no se si por el morbo o, de una manera extraña, por su cualidad lisérgica, je, je, pero que, por la honestidad mínima de un derrotado consciente, tampoco puedo recomendar estríctamente hablando.

Si normalmente, toda entrada puede llevar a una reseña esta, entonces, sería una no-entrada y una no-reseña, porque aún no sé como acaba el relato, el misterio se contiene en esa sexta parte, aproximadamente, que dejé por leer en la anómala línea temporal del universo-libro de Pynchon.

Es posible que pagara el precio de la ingenuidad o candidez lectora, el prejuicio gracianesco de lo bueno si breve y tal y cual, la desazón interior que produce esa Europa paralela pynchoniana situada en la II guerra mundial, así como el toque inequívoco de locura en ciertos pasajes, dotados de una intensidad y fijeza descriptivas tan intensa como las pesadillas y las visiones, ay que ver que fuerza icónica y visual posee el tipo, casi más propia de la manía de un pintor impresionista...

¿Estaba loco este hombre? ¿Que pretendía al narrar de esta manera? Ya me direis, si no, basar el relato en un presupuesto de Ciencia ficción irónica (sí, cifi). Un soldado americano, Tyrone Slothrop, que cuando se aproximaba una V2 experimentaba una erección tremenda. El pobre hombre había sufrido de niño el implante de un extraño plástico que reaccionaba de esa manera, además de extraños experimentos a lo Pavlov que le hacían capaz de reacciones imprevisibles. Por estas cualidades le buscaban todos los servicio secretos.

Con estos supuestos, el energúmeno creador de Pynchon disfruta toreando en varias plazas, escribiendo pasajes de ciencia ficción para acto seguido ofrecer páginas de vodeville, ensayar el reportaje de guerra, trocear un relato para adultos o regodearse en una fábula para fantasiosos, atravesando los distintos géneros con endiablada velocidad, reduciéndolos a mera trampa para lectores ingenuos o convencionales.

En fin, que lo que en apariencia es un cuento de descerebrados alcanza a ser en realidad una lectura alucinada del mundo como un texto paranoico de ilusiones metafísicas (que frase, rediós, a saber que habré dicho) de modo que la banalidad y el absurdo de su argumento hacen que éste no sea sino el pretexto para la explosión de la imaginería verbal.

La novela trabaja con materiales tan dispares como la ingeniería química, el Holocausto, el espionaje, la cábala, las grandes corporaciones, la estadística y las teorías de Ivan P. Pavlov, creando una especie de ontología aparte que les otorga función y significado, por lo tanto no hay Dios que la resuma ni doncella que le abra las piernas.

Pero mi deuda para con todo libro que abro la quiero pagar, algún día me meteré en esa visión delirante y, si me aclaro, la calificaré. Un abrazo.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Volcarte en tu blog y el efecto Hawthorne


Es evidente que no se grita al viento de la misma manera cuando sabes que puede escucharte alguién, aunque en principio no puedas verlo.

La equivalencia entre este medio, el blog, y los diarios íntimos es inexacta, porque la exposición escrita de eventuales y posibles intimidades ya presupone un lector, cosa que parece sacada del catecismo de Perogrullo.

En relación con ello, con la alteración que refleja nuestra conducta cuando nos observan, creo que no viene mal reseñar el típico experimento anglosajón que, como pasa muchas veces, suele dar carta de naturaleza a lo que todos sabíamos ya.

Corría el año vetusto de 1929 en yanquilandia, en medio de la Gran Depresión y todo eso. Un cátedro de harvard, llamado George Elton Mayo, realizó una serie de experimentos sobre comportamiento humano y productividad laboral en el seno de una planta de ensamblaje de teléfonos.
En aquella planta, los currantes trabajaban todo el día inclinados sobre piezas de reĺés y Elton Mayo eligió a seis mujeres para controlar su conducta, amén de la productividad esa antes mencionada.

En relación con esta, después de haber determinado una cantidad básica de piezas a ensamblar, Mayo instaló a las seis en un cuarto especial con un supervisor. A continuación, empezó a controlar las horas de su jornada, los días de trabajo semanales, las pausas para almorzar, las interrupciones, etc.
Para poder averiguar los efectos de la monotonía y la fatiga en el trabajo alteraba de diversa y, segúramente sádica manera, las condiciones.

Pero mientras realizaba estas pruebas, por cierto, muy en correspondencia con el maquinismo deshumanizante de las grandes fábricas anglosajonas de las primeras décadas del siglo XX, se percató de una tendencia sorprendente.
Casi todo lo que hacía para modificar las condiciones de trabajo de las seis mujeres segregadas, incluso los cambios hechos con intención de empeorar, que mira que era borde, parecía aumentar la productividad de las seis mujeres cobayas en relación con el resto de la plantilla.

El Elton Mayo este se había topado con una característica humana que pasó a denominar efecto Hawthorne, por la población donde se ubicaba la factoría y, por consiguiente, postuló que la influencia principal en la producción de las empleadas no era ninguna variación de condiciones, de eso nada sino, más bien, que había alguien observándolas.

El efecto subyacente parece obvio: nunca nos portamos igual si nos miran. Se alega esta causa para explicar el hecho, pej, de que los insomnes duerman como reyes cuando les estudian en un laboratorio del sueño. Se aplicó asimismo en los departamentos de recursos humanos, hacer ver ( o creer) a los empleados que la empresa se interesaba por ellos y tal.

En la exposición de intimidades ante un psicoanalista, psicólogo, etc. ya no reaccionamos igual que cuando las vivenciamos solos. El hecho de verbalizar algo, ponerlo por escrito, etc, nos altera la experiencia del mismo. Un sentimiento o sensación que nos estremecía como un cañonazo, al contarlo cabe la posibilidad de que no llegue a perdigonada porque el otro, el interlocutor, funciona como principio de realidad.

Por lo mismo, esa inspiración de la hostia que nos ha entrado en un duermevela o una ensoñación, cuando la vertemos en papel o pantalla se transforma en un coñazo intimista y soporífero. Lo malo es que muchas veces no nos damos cuenta hasta que alguien nos pone a caer de un burro. Eso sí, a mí no me lo hagais, sorry, mantenedme felízmente engañado, je, je.