
Y para romper el silencio, os hablo de Los Reclutas de la Eternidad, Forastero, las dos narraciones que ha publicado el tándem ruso Max Frei, que sin ser nada que te haga estremecer sí que me han hecho pasar ratos sumamente amenos.
Me daban gustirrinín la agilidad, comicidad y desenfado de los diálogos, que despiertan ecos de las antiguas comedias de Hollywood con Cary Grant y demás. De hecho, las recuerdan hasta el punto de que los personajes mantienen unos idilios hechos de sexualidad sublimada, para que la historia pueda centrarse en los prodigios mágicos y vivencias del personaje.
Es una pena que Minotauro haya decidido no continuar con la serie, de un muy buen nivel...medio, je, je, con una inventiva fantasiosa de los más apreciable.
Es fácil averiguar las razones del gancho de la narración. Un tipo que vive en nuestro "plano" de realidad, por llamarlo de alguna manera, con una vida cotidiana inevitablemente gris, como la mayoría de la población, resulta que tiene unos sueños llenos de personajes sumamente reales, donde vive situaciones más vívidas y coloridas que en su propia vida, al punto que en uno de los sueños decide "pasarse" al otro lado, gracias a los servicios de una especie de mago/mentor/gurú que además es un importante baranda del plano de al lado.
En dicho Universo hará de detective, atrapando nada menos que a poderosos brujos. Y bien que lo hace, pero lo más chocante es que lo hace al estilo inconsciente de Castaneda, que realiza prodigios ontológicos sin tener ni pajolera idea de como lo ha hecho. Al igual que Castaneda, recibe tremendas reprimendas de su mentor en el sentido de que tiene "algo" que debería respetar más, otorgándole los adecuados créditos.
Hablando de este último, con todas las barbaridades e inconsecuencias de tipo antropológico del Castaneda, que las tiene a mansalva, reconozco que mi lado fantasioso se sentía cautivado por los extraños mundos y las ontologías atormentadas y retorcidas que inventaba, poblando México de criaturas fantásticas, naguales, barrancos con poder, je, je.
Con pretensiones bastante mayores que las de Frei, que solo presenta honestas novelas de Fantasía explícita, creo que plantó el arquetipo para este tipo de héroes. Son los Héroes inconscientes, las terminales con patitas de entidades poderosas, los que no tienen que pensar siquiera como vencer porque en realidad, como son algo mucho mayor de lo que se ve, resuelven por el mero hecho de ser, de existir, son la apoteosis del veni, vidi, vici y plantean un universo de moral aristocrática, o naces de los "elegidos" por Lo Que Sea Que Existe y Corta El Bacalao o aceptas sus manifestaciones con adecuada veneración nietzcheana por la Fuerza, que no puede sino mandar...ay , mami.
Funcionan como icebergs, cuya parte oculta es la que se encarga de romper las quillas de los barcos. Sus mentores, tan enteradillos ellos, tratan de poner el pensamiento racional a la altura del betún, como la hoja del perejil, como chupa de Dómine. En estas narraciones, atractivas eso sí, cualquier atisbo de la racionalidad ilustrada que sirve al Yo para comprender y decidir es considerado culpable en nombre, como no, de otro discurso, de una metafísica exótica y con frecuencia barroca, una metafísica de la ausencia de ese Yo, esa conocida manifestación de un proceso evolutivo ciego.
Desde luego que nadie duda hoy en día, y yo menos que nadie, del procesamiento en paralelo que hace nuestra mente de las informaciones, ni de la existencia de instinto atávicos plasmados en los genes, ni de patrones abstractos que emergen de la realidad y que la determinan notablemente, tampoco de que la racionalidad va mudando sus premisas con el paso del tiempo, pero las propuestas de los irracionalistas, narradores atractivos algunos de ellos, van más allá.
En efecto, el Yo sería un mero apéndice de las estructuras, sean del nivel que sean, con la advertencia de que como las tales sean de tipo idiomático serán todopoderosas y determinadoras de la realidad, tan cercano ello a los conjuros de poder y al estructuralismo linguístico, fíjate tú.
De ahí a la disolución del Yo , casi no hay más que un paso, que ya daba Jung, partidario del Ello, frente a Freud que lo era del ego, camino que siguió Lacan con sus excesos y, por supuesto los franchutes deconstructivistas y demás. No me cabe duda de que del abono de esos campos surge, más tarde, toda esa literatura llena de protas-medium, alguna de ella bastante amena...
Un abracete irracional y teleguiado a todo quisque.